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  • Por qué más de mil presos palestinos están en huelga de hambre en las cárceles de Israel

    Por qué más de mil presos palestinos están en huelga de hambre en las cárceles de Israel

     

    Desde ayer lunes, los 6.500 presos palestinos que cumplen condena en cárceles de Israel están llamados a secundar una huelga de hambre indefinida para protestar por las condiciones de su encarcelamiento. De ellos, se estima que más de un millar se han sumado a la iniciativa, aunque hay quien habla de seguimiento parcial de hasta 5.000 reclusos, unidos bajo el lema «Huelga por la libertad y la dignidad». «Será diferente a cualquier otra de los últimos diez años», reconocen las autoridades palestinas.

    Las quejas por las instalaciones, la comida o los derechos de visita y ocio son habituales, pero lo que ha motivado finalmente esta oleada de protesta es el llamamiento del preso más famoso y carismático entre los palestinos, Marwan Barghouti, que arrastra cinco cadenas perpetuas por asesinato y el favorito para ser un día presidente palestino… si no estuviera entre rejas. Líder de las intifadas, jefe de la rama armada del partido Fatah al que algunos llaman el «Mandela palestino», cuenta con el apoyo de los presos y con el fervor de la calle en una tierra donde el 21% de la población ha estado o está actualmente en prisión.

    ¿PERO QUÉ PIDEN?

    Barghouti ha explicado las razones de la huelga en una carta publicada por The New York Times -lo que ya de por sí da la medida de su influencia política-. «Tras haber pasado los últimos 15 años en una cárcel de Israel, he sido testigo y víctima del sistema ilegal israelí de arrestos arbitrarios masivos y maltrato de presos palestinos», denuncia. «Después de agotar todas las opciones, decidí que no hay otra alternativa que resistir a estos abusos haciendo una huelga de hambre», añade.

    «Quieren mejorar condiciones como el régimen de visitas familiares, permitiendo a los niños visitar a sus padres sin acoso, las negligencias médicas, el cierre de hospitales, la liberación de los presos enfermos, la política de traslado entre cárceles y juzgados» o «el fin de la detención administrativa o políticas de aislamiento», enumera de forma general el ministro palestino Isa Qaraqe, responsable del Comité de Asuntos de Prisioneros.

    La detención administrativa, precisamente, es una de las situaciones más sangrantes que afrontan estos reclusos, pues permite detener a las personas sin cargos ni juicios por periodos de seis meses, renovables de forma indefinida. Son sospechosos y con eso le basta al sistema israelí.

    Las organizaciones de defensa de los encarcelados como Adamir y el Club de Prisioneros Palestinos aseguran que 1.500 reos se encuentran en malas condiciones de salud y reciben un tratamiento médico insuficiente. La Comisión de Asuntos de los Presos Palestinos calcula, por su parte, que al menos mil tienen prohibido recibir visitas familiares por «motivos de seguridad» y que entre 15 y 20 prisioneros permanecen aislados sin contacto con otros reos o familiares.

    Los prisioneros piden volver a las dos visitas mensuales y también ampliar el tiempo de visitas de 45 minutos a una hora, la mejora del acceso a la asistencia médica, que se permitan los encuentros con los familiares de segundo grado y se termine con el traslado de detenidos en Cisjordania a territorio israelí.

    Israel sostiene que la huelga «está convocada por motivaciones internas palestinas e incluye demandas irracionales», según el digital israelí Ynet.

    (Puedes seguir leyendo tras la foto…).

    Pintada en favor de Omar Barghouti en el paso de Qalandia, en Cisjordania.

    ¿QUIÉNES SE HAN PUESTO EN HUELGA?

    Según cifras del Gobierno palestino, alrededor de 6.500 palestinos están en 22 cárceles israelíes -una de ellas en el territorio palestino ocupado de Cisjordania-, y en distintos centros de detención, incluidos 300 menores de edad, 12 parlamentarios y 28 periodistas. Según el servicio israelí de prisiones, 1.187 presos palestinos recluidos en seis cárceles participan en la huelga.

    El inicio de la protesta coincide con la celebración anual, el 17 de abril, del Día de los Presos Palestinos.

    Hay una enorme diferencia en cómo se enfoca la huelga a un lado y al otro de la llamada Línea Verde. Para los palestinos, los detenidos son presos políticos, incluso si han usado la violencia contra Israel. Para Tel Aviv, con delincuentes o terroristas, según el delito.

    El hecho de que Barghouti impulse la protesta hace prever que pueda ser más firme y duradera que las iniciadas por presos individuales y luego secundadas por otros. Aunque es un líder de Fatah (se alzó con el mayor número de votos para el Consejo Central en el último congreso), también se han sumado a la protesta masiva otras facciones, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y los islamistas Hamás y Yihad Islámica.

    El primer ministro palestino, Rami Hamdala, ha mostrado su apoyo a la huelga por «las necesidades y derechos básicos de los prisioneros».

    ¿HABRÁ ALIMENTACIÓN FORZOSA?

    El portavoz de la Comisión de Asuntos de los Prisioneros y Exprisioneros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Akram Atalah Alayasa, ha asegurado que los funcionarios israelíes han comenzado a aislar a quienes participan en la huelga.

    El Ministerio de Sanidad Pública de Israel se ha coordinado con la Policía y el Servicio de Prisiones para preparar la asistencia «ante cualquier escenario». Su titular, Guilad Erdán, ha ordenado el establecimiento de hospitales militares para que los presos no sean transferidos a centros públicos, donde los doctores se han negado en el pasado a alimentarlos a la fuerza, pese a la decisión del Tribunal Supremo, que lo consideró constitucional.

    Esta polémica medida fue aplicada por primera vez en 2016 al periodista palestino Mohamed al Qeiq, tras casi dos meses en huelga de hambre en protesta por su detención administrativa, en virtud de la ley de alimentación forzosa aprobada en 2015 por el Parlamento israelí (Knesset).

    LO QUE DICE AMNISTÍA INTERNACIONAL

    Amnistía Internacional (AI) ha pedido a Israel el fin de lo que considera una política «ilícita y cruel» con los prisiones palestinos. «Según el derecho internacional humanitario, los detenidos de los territorios ocupados deben permanecer en el territorio ocupado y no en el territorio de la potencia ocupante», denunció la organización internacional a través de testimonios de familiares en un comunicado.

    La directora regional adjunta para Oriente Medio y Norte de África, Magdalena Mughrabi, dijo que trasladar a los presos palestinos a centros en Israel es una «violación flagrante de la Cuarta Convención de Ginebra«.

    Mughrabi añadió que las autoridades israelíes «deben dejar de imponer restricciones excesivas a los derechos de visita como medio para castigar a los presos y sus familias y asegurar que las condiciones cumplan plenamente con las normas internacionales».

    Fuente: http://www.huffingtonpost.es/2017/04/18/por-que-mas-de-mil-presos-palestinos-estan-en-huelga-de-hambre-e_a_22044239/

  • Por los derechos de los palestinos: un amuleto para la esperanza

    Por los derechos de los palestinos: un amuleto para la esperanza

    63035201612280457629542Últimamente, Israel está empeñado en no solo colonizar nuestra tierra sino también nuestras mentes, sembrando en nuestra conciencia la inutilidad de toda esperanza y la imposibilidad de resistir a su orden hegemónico e injusto. Después de todo, la esperanza puede ser contagiosa.

    Después de décadas de desahucios, ocupación, asedio y limpieza étnica, los palestinos no se han rendido; seguimos resistiendo a la opresión y afirmando la búsqueda por nuestros derechos conforme al derecho internacional.

    Creado en 2005 por la más amplia coalición de la sociedad civil palestino, el movimiento BDS exige el fin de la ocupación desde 1967 por Israel, acabando con su discriminación racial institucionalizada, que cumple la definición de apartheid de la ONU, y defendiendo el derecho de los refugiados palestinos a volver a los  hogares y a las tierras de los cuales fueron desalojados y despojados a partir de 1948.

    La esperanza palestina de libertad y justicia se nutre con la solidaridad inspiradora de personas de conciencia por todo el mundo, en particular en la forma de tácticas BDS no violentas y muy efectivas.

    Cuando  hace algunos meses más de 50 ayuntamientos de toda España se declararon Espacios Libres de Apartheid israelí, los palestinos se sintieron muy inspirados. Sentimos que no estamos solos y que nuestro momento sudafricano está cada vez más cerca.

    Habiendo perdido muchos combates similares para conquistar mentes y corazones al nivel de la calle, desde 2014 Israel ha adoptado una nueva estrategia vertical para sustituir a su fracasada estrategia anterior de luchar contra el movimiento mediante el branding y una extensa propaganda. Evocando recuerdos de los años del macartismo, la nueva estrategia utiliza la lucha jurídica, el espionaje y la intensificación de la propaganda para socavar, e incluso ilegalizar, la defensa del BDS.

    Como parte de esta guerra anti-democrática contra el BDS, Israel ha estado presionando a gobiernos, asambleas legislativas y autoridades en Europa, los Estados Unidos y en otras regiones para aprobar leyes anti-BDS. En consecuencia, los gobiernos de Francia y del Reino Unido, junto con varios estados de los Estados Unidos, han adoptado medidas anti-BDS. El lobby de Israel en España está trabajando a destajo en su intento desesperado de suprimir legalmente los derechos democráticos de los ciudadanos con el fin de proteger a Israel de las medidas del BDS.

    El premio Pullitzer Glenn Greenwald ha descrito estas medidas draconianas en los Estados Unidos y en Europa como “la mayor amenaza contra la libertad de expresión en Occidente.”

    No obstante, en lo que representa un gran revés para la guerra jurídica de Israel contra el BDS, la Unión Europea, los gobiernos de Suecia, Irlanda y Holanda, junto con las principales organizaciones internacionales de derechos humanos, como Amnistía Internacional y la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), junto con la Unión Americana por las Libertades Civiles, han defendido el derecho de boicotear a Israel como un asunto de libertad de expresión.

    Cuando se le preguntó acerca de los intentos de Israel de negar la entrada a activistas internacionales del BDS, el portavoz del Departamento de Estado de los Estados Unidos reiteró la oposición de su gobierno al movimiento  BDS, pero añadió “Valoramos nuestra libertad de expresión, incluso en los casos en los que discrepamos con las opiniones políticas que se apoyan.”

    Debido a que el apoyo a medidas relacionadas con el BDS ha empezado a afectar a su economía y a extenderse entre iglesias tradicionales, organizaciones estudiantiles, asociaciones académicas, sindicatos, grupos de defensa de justicia racial y redes LGBTQA, Israel ha empezado a reconocer el impacto “estratégico” del movimiento.

    En el último año se ha desencadenado un efecto dominó, con grandes multinacionales, como Veolia y Orange, retirándose de proyectos israelíes que vulneran los derechos humanos de los palestinos, después de ser objeto de campañas BDS en su contra.

    Incluso en los Estados Unidos, principal proveedor de fondos, protector y posibilitador del régimen israelí de ocupación, colonialismo y apartheid, Israel está perdiendo paulatinamente la batalla por las mentes y los corazones de los ciudadanos americanos. Según una encuesta publicada en Diciembre del año pasado por el  Brookings Institution, el 49% de los miembros del Partido Demócrata estarían a favor de sanciones económicas o de acciones más severas contra Israel, debido a la construcción de asentamientos. El porcentaje de los millennials que simpatizan más con los palestinos se  ha triplicado en los últimos 10 años.

    El apoyo judío al movimiento BDS entre profesores universitarios, artistas y estudiantes también ha aumentado de manera significativa, en particular en los Estados Unidos. Una encuesta realizada en 2014 por un lobby Israelí muestra, por ejemplo, que el 46% de los hombres judíos ortodoxos estadounidenses apoyan un boicot total a Israel para poner fin a sus violaciones de los derechos humanos.

    Pero el BDS no puede por sí solo explicar el creciente aislamiento de Israel,  que se debe también a su comportamiento.

    La elección en 2015 del gobierno más racista de Israel ha contribuido, sin querer, a extender el apoyo a favor de los derechos de los palestinos y a las tácticas BDS para lograr dichos derechos.  Hace pocas semanas, el Gran Rabino sefardí de Israel hizo un llamamiento para la limpieza étnica de los “no-judíos” en “la tierra de  Israel.”

    Políticos y militares israelíes de alto nivel están muy preocupados con el descenso de Israel hacia ese abismo. Ehud Barak, ex-primer ministro, ha dicho que Israel ha sido “infectado por la semilla del fascismo,” mientras que el Jefe Adjunto del Estado Mayor, teniente general Yair Golan, ha comparado las “tendencias repugnantes” en la sociedad israelí a la Alemania nazi pre-Holocausto.

    Sin embargo, Israel sigue disfrutando de la impunidad, y los Estados Unidos, Europa y Canadá siguen protegiéndola de la rendición de cuentas, apoyando sus esfuerzos escalofriantes de acosar e intimidar a los que hacen campaña a favor de los derechos de los palestinos con las tácticas no-violentas del BDS.

    A pesar de su enorme poder militar, incluido armas nucleares, su maquinaria propagandística y su evidente intimidación de todos los que critican su régimen de opresión, Israel no ha conseguido vencer ni ralentizar el crecimiento sorprendente del movimiento BDS. Después de todo, no hay ningún poder capaz de aplastar a un movimiento abierto y no violento por la justicia, que florece en las mentes y los corazones de personas por todo el mundo.

    Como en las luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos y en contra del apartheid en Sudáfrica, no hay represión que pueda apagar el encanto de una esperanza bien fundada.

    * Omar Barghouti es un defensor palestino de los derechos humanos y co-fundador del movimiento no violento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) por los derechos de los palestinos.

    ** Traducción realizada por Catherine German

  • Entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS)

    Entrevista con Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS)

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    A pesar de vivir en Israel desde hace 22 años sin antecedente policial de ningún tipo, Omar Barghouti ha sufrido esta semana la denegación al derecho de viajar fuera del país. Como uno de los pioneros del movimiento en fuerte expansión por el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) a Israel, Barghouti, activista angloparlante, ha viajado frecuentemente por todo el mundo defendiendo su posición. El rechazo del gobierno israelí a permitirle viajar está motivado de forma obvia a intentar impedir su activismo y su voz. El Primer Ministro Benjamin Netanyahu ha sido uno de los líderes que viajaron el año pasado a París para participar en esta ciudad en el “Congreso de la Libertad de Expresión”.
    Como marido de una palestina de ciudadanía israelí, Barghouti mantiene un visado de residencia permanente, pero no obstante necesita un permiso para viajar fuera de Israel, un documento de viaje que había sido renovado cada dos años hasta la pasada semana. El periódico Haaretz informaba de que detrás del rechazo oficial al permiso de viaje, se escondía una “reconsideración gubernamental sobre el permiso de residencia de Barghouti”.
    La denegación de viajar ha llegado después de meses de molestas amenazas públicas hacia él provenientes de un gobierno israelí en el que crece el extremismo y el miedo al crecimiento internacional y popularidad del BDS. En Marzo, el Ministro de Interior israelí, Aryeh Deri, amenazó con revocar los derechos de residencia de Barghouti, admitiendo explícitamente que sería una represalia por su posición: “Él está usando su estatus de residente para viajar por todo el mundo con el fin de actuar gravemente contra Israel…se está aprovechando de la liberalidad de nuestro estado para mostrarnos como el más horrendo estado en el mundo”.
    Sarah Leah Whitson, de Human Rights Watch, informó a Electronic Intifada que “el rechazo de Israel a renovar el documento de viaje de Barghouti parece ser un esfuerzo para castigarle por ejercitar su derecho a sumarse a un activismo político no violento, usando su arsenal de controles burocráticos sobre las vidas de los palestinos.” Añadió: “Israel ha utilizado este tipo de control para impedir viajar arbitrariamente a muchos palestinos, de la misma forma que prohíbe entrar en Israel y a los territorios ocupados palestinos a muchos monitores, periodistas y activistas”.
    Pero las amenazas a Barghouti desde el gobierno israelí se extienden mucho más allá de su derecho a viajar. El mes pasado, Amnistía Internacional lanzó una advertencia extraordinaria sobre su preocupación por la seguridad y libertad de Barghouti, citando las amenazas del Ministro de Transportes, Inteligencia y Energía Atómica israelí, Yisrael Katz, que hizo un llamamiento a atacar y eliminar objetivos civiles de líderes del movimiento internacional BDS con la ayuda de la inteligencia israelí. Como subrayó Amnistía Internacional, “el término alude a ‘asesinatos selectivos’, el cual es usado para describir la política israelí de atacar miembros de grupos armados palestinos.”
    Tal como The Intercept ha informado regularmente durante el pasado año, los intentos de criminalizar el activismo BDS –no sólo en Israel, sino por todo el mundo- es una de las mayores amenazas en occidente contra la libertad de expresión y el derecho de reunión. La amenaza se ha convertido especialmente intensa en los campus universitarios de EEUU, en los que los castigos institucionales a los estudiantes pro-palestinos se han convertido en una rutina. Obviamente, las amenazas realizadas sobre Barghouti desde dentro de Israel son mucho más severas.
    Independientemente del punto de vista individual sobre el BDS y la ocupación israelí, cualquiera que pretenda defender los conceptos básicos de la libertad de expresión debe mostrarse escandalizado por el comportamiento israelí. Pude hablar con Barghouti ayer sobre este último ataque israelí a lo más profundo de sus derechos y libertades civiles, sobre el creciente extremismo en Israel, y las estrategias de la libertad de expresión y el activismo BDS. “Estoy irritado”, nos cuenta, “pero desde luego no estoy intimidado”.
    A continuación se muestra la transcripción de la entrevista de 25 minutos.
    Green Greenwald: Les habla Green Greenwald para The Intercept. Me acompaña hoy Omar Barghouti, activista palestino por los derechos humanos y uno de los cofundadores del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones, más conocido como BDS, el cual tiene como objetivo ejercer una presión no violenta internacional sobre Israel para poner fin a la ocupación de los territorios palestinos, establecer igualdad de derechos para la población palestina y aplicar el derecho a retorno de los refugiados palestinos expulsados durante y después de la creación del estado de Israel.
    BDS ha alcanzado un considerable apoyo internacional en los últimos años en los que occidente ha observado como Israel expande su ocupación de Cisjordania a la vez que su ejército mata miles de civiles palestinos en Gaza. Como resultado de este éxito, BDS se ha convertido en objeto de ataque por todo el mundo por parte de Israel y de sus defensores.
    Como parte de este ataque, esta semana se producía la noticia de que Israel ha denegado a Barghouti el permiso para viajar al extranjero. Como residente en Israel, él precisa un permiso renovable cada dos años para viajar fuera de Israel. Human Rights Watch ha condenado el hecho “como un esfuerzo para castigarle por ejercitar su derecho a posicionarse en un activismo político no violento”.
    Antes de darte la bienvenida, quiero decirte que he hablado con mucha gente los pasados años que probablemente son objeto de seguimiento y grabación de sus conversaciones telefónicas, pero no estoy seguro de haber hablado con alguien objeto de tanta vigilancia como la tuya.
    Por tanto, muchas gracias por tomarte el tiempo de hablar conmigo, realmente te lo agradezco.
    Antes de que te pregunte sobre lo que ha ocurrido con esta prohibición de viajar, quiero situar el contexto para los oyentes. Esto no ha ocurrido de repente, el pasado mes de Marzo, el Ministro de Interior israelí señaló en una conferencia que estaba considerando revocar tu permiso de residencia.
    Dijo: “Me informaron de que en realidad vive en Ramallah y que usa su estatus de residente en Israel para viajar por todo el mundo actuando contra Israel de la forma más grave posible.” Continuó: “él obtuvo derechos similares a los que tiene un ciudadano y se aprovechó de este país para mostrarnos como el estado más horrible del mundo”.
    Amnistía Internacional dijo que “actualmente está preocupada por tu seguridad y libertad” y cita al Ministro de Transportes de Israel Yisrael Katz, que reclamó a Israel a “eliminar objetivos civiles” de líderes del BDS con la ayuda de la inteligencia israelí.
    Así que en este contexto es obvio que el gobierno israelí se ha acabado obsesionando con restringir y atacar a los líderes del BDS. Cuéntanos acerca de esta restricción de viajar que Israel te ha impuesto. Cómo te enteraste y en qué consiste.
    Omar Barghouti: Cada dos años debo renovar mi documento de viaje israelí, sin el cual no puedo abandonar o reentrar en el país. Dado que soy un residente permanente en Israel no puedo salir con otro pasaporte excepto con este documento de viaje israelí.
    Greenwald: ¿Tienes algún otro pasaporte?
    Barghouti: Sí, tengo la ciudadanía jordana.
    Greenwald: Pero para poder salir de Israel, necesitas este permiso cada dos años.
    Barghouti: Sí. El 19 de abril el Ministro del Interior in Acre, donde vivo oficialmente, nos informó de que no nos iban a renovar mi documento de viaje, y por tanto prohibiéndome de forma efectiva el viajar. Esto llega como acertadamente has señalado, en un contexto de un incremento de la represión contra el movimiento BDS, el cual busca la libertad, la justicia y la igualdad para los palestinos. Busca los derechos para los palestinos bajo la ley internacional. Pero dado que se está convirtiendo en algo muy efectivo, dado que el apoyo ha crecido tremendamente en los últimos dos años, significa que ahora estamos empezando a pagar el precio por el éxito del movimiento.
    Mucha gente se está dando cuenta de que Israel es un régimen de ocupación a través del colonialismo de asentamientos y el apartheid, y por tanto se le están comenzando a exigirle rendición de cuentas en base al derecho internacional. Israel se está dando cuenta de que las empresas están abandonando sus proyectos en Israel por violar la legalidad internacional, los fondos de pensiones igual, artistas importantes rechazan actuar en Tel Aviv, de la misma forma que el Sun City fue boicoteado durante el apartheid en Sudáfrica.
    Así que Israel está viendo que su aislamiento crece y crece, ellos pueden ver su “momento sudafricano”, por decirlo así. Y por este motivo, ellos están incrementando su represión, incluyendo el espionaje a los defensores y activistas de los derechos humanos y BDS, ya sean palestinos, israelíes, o internacionales, y además por supuesto las últimas amenazas de eliminación de objetivos civiles y las prohibiciones recientes de viajar.
    Así que estamos nerviosos, yo personalmente estoy nervioso por estas amenazas. Las tomamos muy seriamente, especialmente en el contexto descrito. Vivimos en un estado en donde el racismo y el incitamiento a la violencia racial contra los nativos palestinos ha crecido tremendamente en los medios de comunicación de masas. Realmente se ha convertido en algo muy implantado por los medios en el “sentido común” el mostrarse muy abiertamente racista contra los palestinos. Muchos colonos e israelíes de extrema derecha asumen esta corriente ideológica apoyada por el estado y atacan a los palestinos.
    Así que en este contexto estoy nervioso pero desde luego sin perder la determinación. Pienso continuar mi lucha no violenta por los derechos de los Palestinos bajo la legislación internacional, y nada de lo que ellos puedan hacer me va a detener.
    Greenwald: Acerca de las restricciones específicas de movimiento , ¿por cuánto tiempo estuviste recibiendo el permiso de viaje? ¿Te han dado alguna razón en este caso del porqué de la denegación actual? ¿Tienes algún problema en el pasado (desde la perspectiva israelí) que justifique esta denegación?
    Barghouti: No, actualmente tengo una residencia permanente en Israel desde 1994, así que son 22 años sin ninguna violación legal, ni siquiera una infracción de tráfico. No hay nada en mi historial que ellos puedan usar contra mí
    Apoyar el boicot hasta a hora no era delito en Israel. Es un agravio por el que podrían castigarme de otras formas, pero no un delito por el que puedan revocar mi derecho a residencia. Y ellos saben esto perfectamente, por lo que están buscando distintas vías para intimidarme, para acosarme, para silenciarme. Y como esto no parece haberles funcionado, ahora están trabajando en ver cómo revocan mi residencia permanente.
    No he tenido ningún problema en el pasado en las renovaciones de mi documento de viaje durante estos 22 años. Así que ha sido justo cuando la presión BDS ha comenzado a hacerse más impactante, a convertirse en un movimiento muy eficaz con gran crecimiento y apoyo, incluyendo a jóvenes judíos americanos, británicos, etc que Israel ha comenzado a alarmarse y a empezar a adoptar medidas represivas, antidemocráticas, extremistas y draconianas contra el movimiento, el cual es un movimiento no violento, acusando a BDS de todo tipo de cosas.
    Greenwald: En lo que a tu estatus en Israel se refiere y al derecho a viajar, si no estoy confundido tú vives en Israel con tu esposa, la cual es una ciudadana israelí, ¿correcto?
    Barghouti: Sí, correcto, mi mujer es una palestina ciudadana de Israel.
    Greenwald: Así pues ¿de qué forma ellos podrían revocar tu estatus de residencia permanente?
    Barghouti: Cuando se trata de los No-judíos, como somos llamados en Israel -cualquiera sabe a qué es aplicable esa definición y a qué no-, como sabes hay más de 50 leyes en Israel que discriminan a la población palestina, por supuesto dejando aparte a los palestinos de Cisjordania y Gaza, que ni siquiera son ciudadanos.
    Así que un ciudadano palestino en Israel no tiene una carta de derechos completa como un ciudadano judío debido a que simplemente un palestino no es un “Judío nacional”, y sólo si eres un “Judío nacional” –sea lo que sea lo que eso signifique- entonces tienes completos derechos. Esto es una definición extra territorial de la nacionalidad dado que Israel no tiene una “nacionalidad israelí”, no existe tal cosa.
    Greenwald: Hablemos de las energías contra el movimiento BDS más allá de las fronteras de Israel. Durante mucho tiempo parecía que la táctica era ignorar al BDS, tratarlo como algo tan marginal e inconsecuente que no mereciera ni siquiera discutir o tomar acción alguna contra él. Y, como decías, se ha convertido en una táctica mucho más aceptada mientras el mundo se ha ido horrorizando –creo que uno de los puntos de inflexión fue la última operación sobre Gaza en la que murieron tanta cantidad de niños, mujeres y hombres inocentes- y por tanto se ha convertido en una táctica que comienza a replicar, como bien decías, lo que sucedió con Sudáfrica con tantos campus universitarios. Y así los jóvenes judíos americanos que se han involucrado en el BDS es una táctica moral muy necesaria.
    Y como resultado se comienza a ver más líderes mundiales y personas como Hillary Clinton que denuncian al BDS en sus términos más vehementes, equiparándolo a un antisemitismo, y creo que lo más inquietante de todo, se emiten leyes no sólo en los Estados Unidos sino en Europa para criminalizar el BDS y hacer ilegal el sumarse a él.
    Desde alguien que ha estado en el movimiento desde el principio como tú, háblanos de los cambios que estáis percibiendo en este sentido y de estas sanciones que se plantean.
    Barghouti: creo que después de años fracasando en detener o ralentizar el crecimiento del BDS y su apoyo en el mundo, especialmente en occidente, Israel está implementando su más poderosa arma, por decirlo así, la cual es usar su influencia en el Congreso de Estados Unidos en Bruselas y en la Unión Europea, y de esa manera criminalizar el BDS desde arriba, después de haber fracasado en frenarlo desde abajo.
    Dado que el BDS tiene un crecimiento a nivel de la base, popular, sindicatos, asociaciones académicas, grupos de estudiantes, LGTBQ, organizaciones de mujeres, etc, es por lo que Israel intenta deslegitimarlo desde arriba, desde las cúpulas institucionales.
    Así que como ciertamente decías, Israel presiona para que se aprueben legislaciones en Estados Unidos y en los estados para criminalizar el BDS, o hacer listas negras individuales o de organizaciones que apoyen el BDS, recordándonos los peores días del Macartismo. Así que realmente Israel está impulsando un nuevo Macartismo, con lo que eso significa, pidiendo a los gobiernos aliados que castiguen la libertad de opinión, el activismo e intentar borrar los derechos que los palestinos tienen según la ley internacional.
    Así que esto es un nuevo Macartismo. In Francia es lo peor, con el actual gobierno que dice que llamar al Boicot a Israel es ilegal en Francia. Tú puedes hacer un llamamiento al Boicot de productos franceses en París y está bien, pero no de productos israelíes, así que imagina la enorme hipocresía.
    Greenwald: y las detenciones de gente que llevaban camisetas pro-BDS en Paris.
    Barghouti: exacto. Las medidas represivas en Francia no tienen precedentes. No hemos visto nada como esto antes. Paris se ha convertido realmente en la capital de la represión anti-palestina. ¿Puedes imaginarlo? La ciudad de la libertad, supuestamente, se ha convertido en la ciudad de la oscuridad para los palestinos.
    Greenwald: hubo una gran manifestación por la libertad de expresión justo hace un año.
    Barghouti: no vemos esta represión anti-Palestina aisladamente. Israel la está impulsando, pero adicionalmente hay mucha represión ya en occidente. Ya hay ataques a los sindicatos, a la libertad de expresión, a la justicia social, a los movimientos de justicia… hay una enorme militarización y conversión a estados policiales en occidente.
    Así que Israel se beneficia de esta corriente hacia este mercado que supone el estado policial y la militarización. Es un gran negocio para Israel. Adiestra fuerzas policiales en Estados Unidos, a la policía de Londres, a la policía de París…
    Greenwald: una de las críticas de los opositores al BDS, cuando escuchan cosas como las que dices, denunciando la erosión de las libertades civiles en occidente, incluida Europa, es que ellos dicen que es irónico o incluso hipócrita como defensor de los derechos palestinos que critiques la reducción de derechos en occidente cuando en los territorios palestinos no existen derechos para el colectivo LGTB, o muy pocos, y que hay muchos menos derechos y libertades para la mujer en Gaza o Cisjordania. ¿Cómo responderías esto? ¿Es algo que está incluido en la agenda dentro del activismo por los derechos palestinos?
    Barghouti: Por supuesto. Como movimiento inclusivo que es, hacemos un llamamiento para la igualdad de derechos para todos los seres humanos, sin tomar en cuenta su identidad. Por lo tanto, nos oponemos a cualquier forma de discriminación contra cualquiera basada en sus atributos identitarios. Ahora, ¿es verdad que tenemos represión en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania? Sí, absolutamente.
    Los palestinos en Cisjordania y Gaza están bajo la ocupación militar israelí por la cual sufren la denegación de todo tipo de derechos, desde la libertad de movimientos a la libre expresión, todo tipo de derechos, incluido el derecho a la vida como vemos en Gaza. Y sí, por encima de todo hay una represión social, por supuesto.
    Greenwald: Impuesta por palestinos a otros palestinos.
    Barghouti: Impuestas por la Autoridad Palestina, por las autoridades en Gaza y sí, eso es la represión Palestina a los palestinos. Pero la autoridad en Ramala está secundada, es apoyada enteramente por los gobiernos occidentales, por los Estados Unidos, los gobiernos europeos y en gran parte, por Israel.
    Así que no es que los financiadores europeos y norteamericanos están presionando para una mayor democratización, libertad de expresión y libertades civiles. Están aceptando la creciente represión de las autoridades palestinas mientras hagan el trabajo, llevando algunas de las cargas de la ocupación mientras que Israel continúa a colonizando, limpiando étnicamente y cometiendo crímenes de guerra.
    Greenwald: Habló un poco antes de lo que es este racismo abierto e incluso simpatizantes de Israel, quienes abiertamente se identifican como sionistas, han hecho sonar las alarmas sobre el deterioro del discurso cívico sobre Israel, acerca de cómo cosas que antes eran impensables o relegadas a una minoría, se han convertido en mainstream.
    Has vivido en Israel desde 1994, que hacen 22 años, ¿cómo describiría los cambios en términos sobre lo que ha ocurrido en Israel internamente? ¿Es algo que considera como un cambio radical sobre lo que había antes o es la evolución natural de una realidad que se encontraba algo más escondida, que quizás la gente era hace 20 años más educada, pero que ahora se ha hecho un poco más explícita?
    Barghouti: Creo que el racismo es inherente a cualquier sociedad colonial y Israel no es la excepción. Como régimen de colonialismo de colonos, ocupación y el apartheid, el racismo no es coincidente. Es un pilar del sistema. Mira cómo Israel trata al BDS. El BDS hace un llamado al boicot, desinversión y sanciones para lograr la igualdad, la justicia y la libertad Palestina y lo ven como una amenaza importante. Pero la libertad, la justicia y la igualdad sólo amenazan a la falta de libertad, la injusticia y la desigualdad. No amenaza a ninguna otra persona que no está basada sobre la existencia del racismo.
    Ciertamente, como usted bien dijo, a Israel se le ha caído la máscara. Con las últimas elecciones en el año 2015, Israel eligió al gobierno más racista desde siempre, así como al Parlamento. El Knesset más racista de la historia, tal y como lo llama Haaretz, el periódico israelí. Hasta el punto de que hace un par de días, el diputado jefe de personal del ejército israelí dijo que el racismo ha crecido hasta un punto que recuerda a la gente de Alemania de la década de los 1930. Es el diputado jefe de personal en Israel: no se trata de alguien en las calles de Londres o París. Esta es una declaración muy importante de uno de los principales generales en Israel. Él está muy chocado de que esos síntomas de racismo extremo están apareciendo por todas partes y se están volviendo frecuentes en la sociedad israelí. Y eso es realmente, realmente aterrador.
    Por otro lado, dejando caer la máscara, el régimen de Israel ha propiciado el crecimiento de movimientos como el nuestro. Ell Boicot ha crecido enormemente, he dicho esto antes y lo repito, podemos atribuir parte del éxito, parte del crédito, del crecimiento y el impacto del BDS a las políticas de extrema derecha del gobierno israelí y a la caída de la máscara de la democracia idílica. Se están permitiendo cosas como que el Ministerio de educación inculque nociones racistas extremas en los libros de texto, o que el Ministro de cultura exija juramentos de la lealtad a los artistas que quieran actuar en Tel Aviv.
    Realmente se está llegando a un nivel sin precedentes de racismo al descubierto. El racismo siempre estuvo ahí, pero fue siempre muy tapizada, oculto bajo una fachada sionista supuestamente liberal que muestra al mundo los milagros científicos y culturales blanqueando el hecho de que Israel es una sociedad muy arraigada en el colonialismo y el racismo.
    Greenwald: Mi última pregunta es sobre un par de críticas u objeciones hacia la plataforma BDS que provienen no de los opositores de BDS, obviamente, sino de personas que suelen ser muy comprensivas a la causa palestina y que incluso son muy críticos con Israel. Muchas veces la gente en ese campo dice lo siguiente: «¿por qué es a Israel específicamente que se le debe boicotear, por sus violaciones de los derechos humanos, cuando muchos otros países, incluyendo a los Estados Unidos, son culpables de por lo menos igual si no mayores violaciones de derechos humanos y todavía no hay ningún movimiento de boicot para ellos?»
    Y luego la otra crítica relacionada es que la plataforma de BDS, mediante la inclusión del derecho al retorno de los palestinos, que, si en caso de aceptase, esencialmente resultaría en el fin de Israel como estado judío y es algo que Israel nunca aceptará — hace que el movimiento BDS sea algo diseñado para alcanzar una meta que nunca se logrará y por lo tanto, menos eficaz.
    ¿Cómo respondes a esas dos preocupaciones o críticas?
    Barghouti: Es curioso cómo personas que están al marben hablan de efectividad, cuando Israel está combatiendo al BDS con inmensos recursos alrededor del mundo, induciendo a los gobiernos a aprobar leyes para luchar contra ella y con sus fuentes de inteligencia para espiar a los ciudadanos del mundo, activistas de los derechos humanos que colaboran con el BDS. Es muy extraño no oír en cambio algo acerca de la efectividad del movimiento. Creo que esto queda zanjado por ahora. Las empresas están abandonando proyectos israelíes, los fondos de pensiones están abandonando proyectos israelíes, las iglesias principales, principales asociaciones académicas en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos, están tomando medidas.
    Greenwald: Pero cuando lo hacen, lo hacen – al menos en cómo lo están expresando – en oposición a la ocupación.
    Barghouti: No sólo eso. Cuando miras a las asociaciones académicas y sindicatos, Glenn, han ido mucho más allá. Iglesias, sí, van contra la ocupación solamente, pero cuando nos fijamos en asociaciones académicas, la Asociación Americana de estudios, la asociación antropológica, estudios de la mujer y así sucesivamente, has ido al boicot académico completo de Israel, que apunta a todas las instituciones académicas israelíes debido a su complicidad en la planificación, ejecución y blanqueo del régimen opresivo de Israel.
    Greenwald: Lo que quise decir es que su boicot no está dirigido sólo a los israelíes en los territorios ocupados sino que su objetivo en apoyar el boicot no es garantizar derecho de retorno de los palestinos, como lo describen, si no que es poner fin a la ocupación. ¿Está de acuerdo con eso?
    Barghouti: de hecho, la mayoría socios y simpatizantes del BDS apoyan los tres pilares de nuestro llamamiento del 2005, que es poner fin a la ocupación, poner fin a la discriminación racial en Israel y en el sistema de apartheid y derecho de retorno. Así que no somos conscientes de socios que no estén de acuerdo con el derecho de retorno tal y como lo estipula como un derecho básico la ONU.
    Todos los refugiados, sean refugiados judíos de la segunda guerra mundial a los refugiados de Kosovo, tienen ese derecho. Esto es un derecho internacional y los palestinos no deben ser excluidos. ¿No es muy racista decir que el retorno de los refugiados palestinos terminarían apartheid israelí y que eso es malo? ¿Qué es tan malo acerca de refugiados con derecho a regresar a casa? Si molesta a un sistema de apartheid que se basa en ser excluyente y racista y no quiere ver como personas ganan sus derechos, ¿cuál es el argumento?
    Greenwald: Sólo para que quede claro, el argumento que estoy describiendo aquí — y por cierto, este no es mi argumento, no estoy abogando por ello, simplemente lo estoy articulando — es la objeción que proviene no de los críticos de extrema derecha, sino de muchos aliados del BDS y un montón de personas que son aliados a largo plazo de los derechos palestinos, como Norman Finkelstein y Noam Chomsky.
    El argumento no es que el derecho de retorno no sea justificable, moral o éticamente, de hecho creo que ambos, y casi todo el mundo estaría de acuerdo con ellos, diría que en un mundo ideal, los palestinos tendrían el derecho a regresar. Su argumento es más bien táctica o pragmatismo: que si se permite a los palestinos el derecho de retorno esencialmente significaría el fin de Israel como estado judío, que a su vez significa que Israel nunca aceptará esto. Así que básicamente has creado un objetivo inalcanzable, que nunca puede suceder y no es realista y por tanto no está diseñado ayudar a los palestinos, pero para este objetivo que inevitablemente está destinado al fracaso.
    Barghouti: Bueno en realidad eso es una objeción muy dogmática. Diciendo que nunca va a pasar ignora la historia, ignora que se han derrumbado imperios importantes en nuestra vida que se consideraban invencibles tan sólo años antes de derrumbarse. ¿Quién hubiera pensado que un país tan poderoso como la Unión Soviética colapsaría? ¿Quién hubiera pensado en la década de los 1980 ese apartheid en Sudáfrica se derrumbaría? ¿Quién hubiera pensado que Timor Oriental tendría autonomía cuando 20 años antes, nadie sabía donde estaba Timor Oriental?
    Por lo que es realmente bastante dogmático que la gente diga solamente cuando se trata de proteger el apartheid israelí que no se puede cuestionar – si te atreves, Israel derribará la casa de todos.
    Israel depende enormemente del apoyo público desde el exterior, de la complicidad de los gobiernos occidentales. Cuando eso se va erosionando, BDS crece y crece el apoyo público al BDS, e Israel queda aislado en la esfera de lo académico, económico, cultural y militar, finalmente, tendrá que regirse por el derecho internacional y veremos que la disidencia crece en Israel como cualquier otro estado colonial.
    No vamos a ver disidencia hasta que el precio no ssea lo suficientemente alto. Cuando llegue a ser lo suficientemente alto veremos crecer la disidencia y a más israelíes judíos, uniéndose a las filas de BDS para que juntos podamos éticamente formar un futuro basado en la justicia, la libertad y la igualdad.
    Volviendo al primer punto, de porqué se apunta a Israel y no los Estados Unidos. El arzobispo Desmond Tutu tenía un argumento muy similar con este tema cuando era mencionado acerca de Sudáfrica. Dijo que sin duda el apartheid en Africa no era ni de lejos el sistema más malvado de opresión, pero no podía pedir a los sudafricanos, de mayoría negra – ¿por qué están lucha contra apartheid? Si estás enfermo con la gripe no puedes luchar otra enfermedad, hasta que no luches contra la gripe que padeces.
    Los palestinos están bajo un régimen de opresión israelí así que naturalmente tenemos que luchar contra a este opresor inmediato. Ahora, el hecho de que Israel esté plenamente apoyado por los Estados Unidos, patrocinado y protegido, no significa que no debemos luchar contra nuestro opresor inmediato. Así es cómo se puede realizar un cambio y alcanzar los derechos.
    Esto no es un ejercicio intelectual. Sí, uno puede pedir un boicot de todos los gobiernos que apoyan la opresión de Israel – Estados Unidos y así sucesivamente, pero eso es intelectualismo que no conduce a ninguna acción. Si seguimos la reflexión de Freire y el modelo de la acción, que hay que reflexionar y luego actuar, no estás actuando si pides un boicot a los Estados Unidos porque es el único Imperio que sobrevive. Es invencible en este momento, en el año 2016. Sería completamente ridículo llamar a un boicot de los Estados Unidos.
    Como Naomi Klein ha dicho, nunca funcionaría. Boicots no son ejercicios solo intelectuales, tienen trabajarse. No estamos en él por la diversión, no estamos en él para marcar un punto. Estamos en esto para ganar nuestra libertad y derechos bajo el derecho internacional y para eso tenemos que ser muy estratégicos.
    Greenwald: dije que sería mi última pregunta, pero realmente tengo una más, una específica muy escueta acerca de las noticias en relación a la denegación del permiso de viaje. ¿Tienes recursos disponibles? ¿Tienes recursos legales que puedan invertir esta decisión y las adoptarías?
    Barghouti: no puedo hablar mucho sobre nuestra estrategia legal, pero sin duda estamos exponiendo esto a todo el mundo. Contamos con la acción de los ciudadanos del mundo, no con los gobiernos porque los gobiernos son cómplices del régimen de opresión Israelí, pero voz judía para la paz, la campaña de Estados Unidos para poner fin a la ocupación israelí, y otros grupos han comenzado una campaña en los Estados Unidos contra esta prohibición de viajar. Y muchos, muchos grupos están trabajando por este derecho. Incluso si no estás de acuerdo con algunas de las tácticas de BDS, por motivos puramente de la libertad de expresión tienes que apoyar nuestro derecho al llamamiento del BDS.
    En los Estados Unidos en particular, está protegida por la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos por lo que incluso el New York Times en un momento defendió nuestro derecho a abogar por el BDS estando completamente en contra.
    Creo que Israel se enfrentará a un problema, y es que se está alienando con la corriente liberal y esa será realmente la estocada final en su relación codo con codo con los Estados Unidos.
    Greenwald: Bien, hay mucha gente que ama envolverse en la bandera de los derechos de libertad de expresión, incluidos los partidarios de Israel, y que las personas tendrán el coraje de sus convicciones que incluso si no están de acuerdo con sus posiciones en el BDS e Israel generalmente en la ocupación, que sin embargo, verían como muy desagradable que le sea negado el derecho más básico, de viajar, simplemente porque el gobierno israelí quiere castigarle por sus opiniones políticas o de restringirte de participar en el activismo internacional. Y esperemos que esta entrevista ayudará a poner el foco en lo que le está sucediendo.
    Aprecio verdaderamente el tiempo que se tomó para hablar conmigo.
    Barghouti: Muchas gracias, Glenn.

    El original de esta entrevista puede verse aquí:

    Interview With BDS Co-Founder Omar Barghouti: Banned by Israel From Traveling, Threatened With Worse


    Traducido por BDS Madrid

  • Podemos y la causa palestina

    Podemos y la causa palestina

    Al leer el artículo de mis compañeros de Podemos David Perejil y Pablo Bustinduy titulado “Reconocer el Estado Palestino: un paso político para construir la paz”, se comprueba que al abordar la situación de Palestina los representantes de Podemos se acaban enfangando en el discurso ya superado de las equidistancias, de las palabras calculadas, de las “conversaciones de paz” y, en definitiva, no aplican la simplicidad programática con que nació Podemos, sumergiéndose en el mismo torrente retórico de los gobiernos occidentales durante décadas, que es: hay que trazar un cordón de excepcionalidad en Palestina en lo que se refiere a la exigencia de Derechos Humanos. El mensaje de ese artículo sobre Palestina no es el mensaje con el que nació Podemos sobre los Derechos Humanos.

    Todo defensor de la causa palestina con rigurosidad en el discurso, cualquiera que sea el foro en el que se encuentre, tiene que tomar como eje central el código genético intrínseco del nacimiento de Israel, que sigue siendo su motor de actuación hoy, y lo seguirá siendo mañana si no se le detiene: la creación por las potencias europeas de un proyecto colonial de ocupación de más y más tierra mediante asentamientos de población extranjera, el cual ahora está en su tercera generación. Y por supuesto expulsando y asesinando a sus legítimos habitantes.

    Si el eje del discurso no es radical, no toma esa raíz originaria como referencia, está condenado al fracaso, y es lo que ocurre con este artículo, que es un artículo con un mensaje fracasado por el que se acaba cayendo en el falso «choque de dos sociedades» o “conflicto de dos movimientos nacionales” y en la embaucadora telaraña de la estrategia israelí de las hipócritas «conversaciones de paz» con las que encubre el continuo avance de la ocupación y expulsión o asesinato de palestinos.

    Sorprende que una formación cuya dirección muestra especial atención en manejar el relato para su argumentación política caiga en esa abstracción del reconocimiento de un estado Palestino, a sabiendas que en la práctica es inviable, puro artificio. De la misma manera que el relato sionista ha condicionado a buena parte de la opinión pública durante mucho tiempo, sorprende que Podemos haga suyo el discurso oficial de una desprestigiada y de representatividad cuestionable Autoridad Nacional Palestina (ANP), y no haya querido adoptar una solidaridad efectiva con las demandas del pueblo, o si lo prefieren, del conjunto de la ciudadania palestina.

    Podemos quizá no hubiera nacido sin “las calles y plazas del 15M”-no por ello es su expresión autorizada- y debe mirar qué demandan otras “calles y plazas”. Y en Palestina esas “calles y plazas” están representadas por las más de 300 organizaciones sociales de base que forman el Boycott National Committee.

    Además, hay otros errores muy graves en el artículo, de fondo y de forma.

    Dicen que «Palestina es el vector principal de toda la inestabilidad de la región». No, no es Palestina, es Israel el «vector principal de la inestabilidad». Israel como problema, no Palestina como problema. El lenguaje es fundamental.

    En ese mismo párrafo se argumenta que “sin una acción decidida por la paz en Palestina [Palestina como sujeto a pacificar/apaciguar en lugar de Israel] (…), las consecuencias nos afecten a los europeos”. Ante la vaguedad de la frase, la unión de los puntos Palestina-terrorismo-bombas-Europa se le sirve en bandeja al lector. Por supuesto que hay relación causa-efecto entre el colonialismo e injerencia occidental por todo el planeta y las consecuencias en este continente. Pero en un artículo tan cargado de eufemismos y ambigüedades, es al final Palestina (y no Israel u occidente) quien queda amarrada en esos puntos encadenados a “consecuencias en Europa”. La paz justa para los palestinos no puede basarse en ese tipo de defensa utilitaria de evitar “consecuencias” en Europa.

    Equiparar “las espirales de violencia” con que se vive diariamente en Cisjordania e Israel (¿?), además de ser falso es tan dañino como equiparar al ocupante y al ocupado. Hoy no se nos ocurre equiparar a los ocupados que se defendían en el Gueto de Varsovia frente al ocupante ejército nazi, o equiparar al nativo americano frente a los colonos europeos, pero con Palestina se aplica la excepcionalidad de la equidistancia.

    Es un muy grave error transmitir a los lectores que la Autoridad Palestina es responsable de la situación de su población y exigirle que debe “hacer frente a las necesidades” de los palestinos, porque en última instancia no es así. Israel determina la vida y la muerte en Palestina. Israel aplica la Thanatopolítica sobre los palestinos: que vivan todos ellos en todo momento bajo la certeza de que están a cinco segundos de la muerte. Por tanto sobra esa exigencia a la Autoridad Palestina, y nosotros podríamos ser mucho más críticos con ella que los autores del artículo. Hasta la podríamos señalar como una administración indígena colonial maniatada a la potencia ocupante, pero eso al público le distrae del entendimiento del discurso central que es la ocupación de un territorio y sus habitantes.

    A Israel no se le debe “invitar al diálogo”. A Israel se le debe exigir. Y cuando se exige ante una ocupación colonial se debe partir de ese elemento central porque es su origen, y si no se explican y se entienden los orígenes de los problemas no se pueden encontrar las soluciones.

    Y esas soluciones pasan por tres exigencias irrenunciables a Israel:

    1-Reconocimiento (de la limpieza étnica, de la expulsión, de la apropiación, de los crímenes contra la humanidad…)

    2-Responsabilidad (de «responder», responder por el daño causado, y en ello se incluye el retorno de los refugiados como marca la Resolución 194 de la ONU)

    3-Aceptación (de la población palestina en igualdad de Derechos)

    Sólo así se avanzará en el camino de des-sionizar ese ente colonial llamado Israel y habrá una solución de Paz justa para Palestina.

    Es un discurso de exigencia de derechos civiles que nos libera de las pesadas cargas dialécticas y vías políticas muertas del pasado sobre “conversaciones de paz”, “rondas de negociaciones fracasadas”, etc. que contribuyen a que la población del estado y europea acaben por no comprender qué ocurre en Palestina. Y ese es el objetivo de Israel.

    Por supuesto Israel no sólo no acepta estas condiciones sino que en una huida hacia adelante ha creado un ministerio y dedicado una suma importantísima de su presupuesto para luchar contra la campaña que reclama esas tres condiciones de mínimos a través del Boicot a Israel. ¡Y ahí está la cuestión! Cuando Israel criminaliza a quien defiende una campaña que denuncia la desigualdad, el colonialismo y el apartheid basándose en la lesgislación internacional, implicitamente está reconociendo esa misma esencia, para pasar en un salto mortal a tachar a todo activista de los DDHH en antisemita. Dicho de otra manera, metiendo en la cárcel a activistas israelíes por adherirse a la campaña de Boicot, Israel sólo hace mirarse en un espejo. Un espejo que refleja la esencia de un estado colonial que fomenta la desigualdad y practica el apartheid contra la población indígena.

    Por tanto, mientras Israel no acepte y aplique esas tres exigencias, a la sociedad civil y a los activistas que defendemos la causa palestina -que es la causa de los Derechos Humanos- sólo nos queda el camino que la propia sociedad civil palestina nos pidió hace once años que emprendiésemos, y no es otro que el Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) al estado de Israel. Exactamente la misma estrategia exitosa que con la Sudáfrica del Apartheid. Y no sólo nos compete a la sociedad civil mundial esa línea estratégica responsable. El BDS debe elevarse cualitativamente, hay que elevarlo a un nivel de exigencia programático. Debemos exigir a nuestros representantes políticos (entre los que se encuentran Pablo Bustinduy y David Perejil) y a nuestros gobiernos (municipales, autonómicos, estatales) que adopten el Boicot a Israel en sus facetas económica, política, institucional, deportiva, académica y cultural.

    Como dice el mismo Ilan Pappé que citan los compañeros, para encontrar de madrugada la llave de casa que hemos perdido hay que ponerse a buscarla, y no necesariamente (como solemos hacer) buscarla alrededor de esa farola encendida que alumbra un pequeño círculo en la calle. La llave de la puerta no se nos cayó en esa farola de la solución de dos estados, en la idea de la partición, no se perdió en el paradigma del conflicto en Palestina como una guerra de dos movimientos nacionales. La llave se cayó en la gran oscuridad de la realidad colonialista. Debemos alumbrar la gran zona oscura de la calle.

    Daniel Lobato, Círculo Podemos Palestina. Asociación Unadikum – Organización perteneciente a la RESCOP, Red estatal solidaria contra la ocupación de Palestina.

    Jorge Sánchez, Círculo Podemos Palestina y miembro de la RESCOP.

    Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

  • El boicot es esencial en democracia, por eso lo quieren prohibir

    El boicot es esencial en democracia, por eso lo quieren prohibir

    Estamos controlados por un Gobierno todopoderoso con el firme propósito de silenciar a sus rivales. Cabría esperar que es suficiente contar con el beneplácito de unos medios de comunicación leales y con un partido dividido en la oposición. Pero ya sea con un proyecto de ley mordaza para silenciar a las organizaciones civiles, una ley sindical centrada en paralizar el trabajo de los sindicatos y buscar la bancarrota del Partido Laborista, o con un fulminante recorte de la financiación de la oposición para evitar el escrutinio, los tories están dispuestos a combatir la disidencia por la vía legal.

    Empezando por el final. El Gobierno presume de un amplio programa dedicado al «localismo», con medidas que favorecen la entrega de poderes y decisiones a las autoridades locales. Es alucinante, porque todos sabemos que la verdadera intención es desentenderse de sus responsabilidades por los recortes. Pero también es ilógico; mientras se deshacen en halagos hacia la autonomía local, proponen medidas que prohíben a los organismos públicos -incluyendo a las autoridades locales- boicotear a las compañías que consideren inmorales, ya sean empresas de armamento, tabacaleras o las que trabajan en los asentamientos israelíes ilegales. Hasta ahora, los representantes electos de las comunidades locales  podían decidir la distribución  d el dinero público segúnsu  criterio ético. Pero el Gobierno central va a imponer un decretazo que anule todo esto.

    Los ministros afirman que existe «una creciente preocupación ante las iniciativas radicales de los ayuntamientos de izquierdas, impulsadas por los sindicatos y líderes laboristas, que envenenan las relaciones entre la comunidad y amenazan a la economía británica y sus intereses internacionales». En estas declaraciones se deduce que dan por hecho que los municipios del Reino Unido están en manos de la izquierda radical, lo que es irrisorio. 

    Entre los claros objetivos de la propuesta de los tories se encuentran los activistas que se oponen a la venta de armas, como la asociación Campaña Contra el Comercio de Armas (CAAT). Durante el congreso del Partido Conservador del pasado año, se publicó una declaración alertando de que «las campañas de la izquierda radical contra las empresas de defensa británicas ponen en peligro 10.000 millones de euros en exportaciones». La CAAT representa una amenaza, según ellos, porque aboga por que los planes de pensiones de los gobiernos locales «retiren fondos a fabricantes británicos como la empresa militar BAE».

    Claro que, en democracia, las organizaciones como el CAAT tienen todo el derecho a convencer a la población de su causa. Y en este caso cuentan con argumentos sólidos porque el Reino Unido está armando a los tiranos saudíes y es cómplice de los bombardeos en Yemen. No obstante, las autoridades locales electas ya han sido prevenidas para que no actúen contra empresas armamentísticas implicadas. ¿Cómo se puede llamar a eso localismo o democracia? «El Gobierno insiste en la toma de decisiones a nivel local, pero esto atenta contra ella», señala el activista Andrew Smith.

    Pero también representa un ataque a varios niveles. Aunque se ha celebrado una consulta popular sobre las inversiones de los gobiernos locales, el Gobierno ha movido ficha con una contradictoria política para la gestión de estos organismos. «Los boicots en el ámbito público son inapropiados», han alegado, salvo que se vinculen con «sanciones legales, embargos y restricciones» aprobadas previamente por el Gobierno central. Las contrataciones no deben usarse nunca como «herramienta de boicot contra las ofertas de los proveedores radicados en otros países», a menos que vaya en la línea de las políticas del Gobierno.

    Las autoridades tienen cierta flexibilidad cuando entran en juego «factores sociales y medioambientales» confusos, pero en general deben tratar a todos los proveedores «por igual y sin discriminación». Otra vez, se escapa de toda lógica. Realmente consiste en retirar a los ayuntamientos el derecho a posicionarse en cuestiones más allá de nuestras fronteras; un ataque contra una tradición respetada.

    El Gobierno británico hace uso del terrible argumento del antisemitismo para acallar de las protestas contra la política de Israel.

    Pero los tories nunca han destacado como grandes combatientes en las batallas morales más relevantes. Margaret Thatcher tildó al Congreso Nacional Africano (CNA) de «típica organización terrorista», mientras David Cameron disfrutaba de unas «vacaciones pagadas» en la Sudáfrica del apartheid. Sirvan las 100 autoridades locales de Reino Unido que prohibieron los negocios con productores sudafricanos como reflejo de esta contradicción.

    Los activistas que se oponen a la ocupación de Israel de territorio palestino reivindican medidas similares, pero estas propuestas (del Gobierno) afectarían también a sus campañas. El Ayuntamiento de la ciudad de Leicester, por ejemplo, boicotea los productos fabricados en los asentamientos israelíes, pero esta ley se lo prohibiría. El Gobierno ha justificado que este bloqueo promueve el antisemitismo. Si fuese así, deberíamos estar realmente preocupados. El antisemitismo es un problema real, es monstruoso, y debe ser eliminado de raíz en cualquiera de sus formas, ya provenga de la izquierda o la derecha. El movimiento por la justicia palestina tiene la obligación de ser implacable hasta con el último rastro de antisemitismo.

    Sin embargo, también merece la pena escuchar a Barnaby Raine, de los Estudiantes Judíos por la Justicia en Palestina. «Tenemos que ser muy, muy claros acerca de Israel y la segregación de los judíos», sostiene, criticando a aquellos que sugieren lo contrario, desde los fundamentalistas islámicos hasta la extrema derecha, pasando por los defensores radicales de las políticas del Gobierno israelí. Pero es hipócrita, piensa, que los tories digan creer en el «libre mercado» mientras imponen límites políticos a las opciones del consumidor. Es probable que Raine no esté equivocado al afirmar que el Gobierno británico usa el dramático argumento del antisemitismo para acabar con las protestas contra las políticas del Gobierno israelí.

    Esta no es una guerra por los derechos de los municipios; es una guerra por la democracia. Los conservadores pretenden acallar las voces disidentes, y esto debería preocuparnos a todos.

  • El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy. Agustín Velloso

    El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy. Agustín Velloso

    El porqué del boicot a Sudáfrica ayer y a Israel hoy

    Agustín Velloso

     

    ¿Por qué boicotear a Israel en 2010?

    En 2010 se cumplen cincuenta años del comienzo del boicot a Sudáfrica y cinco del boicot a Israel. A pesar del tiempo transcurrido y de las diferencias que existen entre uno y otro caso, el establecimiento del apartheid en Sudáfrica, la complicidad de la comunidad internacional, el apoyo de Israel a Sudáfrica, la resistencia de los negros y la participación internacional de los ciudadanos de conciencia mediante el boicot, responde bien a las dudas de los que se preguntan por qué habrían de boicotear a Israel. También guarda interesantes lecciones para los que ya son partidarios del BDS y advertencias para los activistas.

    Lo que se propone a continuación es un ejercicio de comparación histórica que sirve para entender mejor lo que ocurre en Palestina a la luz de lo ocurrido en Sudáfrica.

     

    Apartheid en Sudáfrica y sionismo en Palestina

     

    En 1948 se estableció el Estado de Israel en Palestina y el Partido Nacional tomó el poder en Sudáfrica, el cual mantuvo hasta 1994. Inmediatamente y durante los años siguientes, los gobiernos de ambos países legislaron y actuaron con decisión en contra de los palestinos y los negros y a favor de los judíos y los afrikáners respectivamente.

    El fin último del Partido Nacional era desplazar a todos los negros sudafricanos a las áreas reservadas para ellos, los bantustanes, y otorgarles un permiso para desplazarse como ‘trabajadores invitados’ al territorio reservado a los afrikáners, aproximadamente el 87% del país.
    El fin último del sionismo, encarnado en Israel, es que su territorio (cuyas fronteras nunca ha definido) sea exclusivamente  para todos los judíos del mundo: “el Estado de Israel se considera la creación de todo el pueblo judío y sus puertas están abiertas, de acuerdo a sus leyes, para todos los judíos que deseen inmigrar.” http://www.mfa.gov.il/MFA/MFAArchive/2000_2009/2001/8/The%20Goals%20of%20Zionism%20Today
    Tanto los sionistas en Palestina como los afrikáners en Sudáfrica forman una minoría beligerante contra la mayoría de sus habitantes. Originalmente provienen del exterior para establecerse en medio de una gran mayoría de población autóctona árabe y negra respectivamente, con grave daño para éstas. Lógicamente su dominio sólo puede asegurarse mediante la fuerza de las armas y con un sistema político ilegítimo amparado por leyes repugnantes.

    Para los blancos, los negros tenían que servir a los primeros como mano de obra barata, sujetos a todo tipo de restricciones y sevicias, además de conformarse con ello so pena de pagar con la cárcel o incluso la vida cualquier manifestación de protesta y resistencia.

    Los palestinos que se convirtieron sin quererlo en ciudadanos israelíes en 1948, quedaron sometidos a la ley marcial durante los quince años siguientes (lo que incluye detenciones arbitrarias, o sea, no dictadas por un juez, expulsiones y toques de queda) a diferencia de los judíos, que no quedaron afectados por esa legislación. Tierras pertenecientes a los palestinos fueron confiscadas y en adelante destinadas exclusivamente a los judíos.

    Posteriormente han vivido hasta la fecha – y su situación va a peor- sometidos a una amplia discriminación legal por parte del gobierno y a otra de trato por parte de la mayoría de la población judía.

    Los palestinos que vivían en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este cuando Israel ocupó estas áreas mediante la guerra de 1967, han permanecido desde entonces bajo ocupación militar, sometidos además a ataques mortíferos, deportaciones, encarcelamientos masivos e incluso asedio como ocurre  actualmente en Gaza desde 2007.

    Deshumanización de los negros y de los palestinos

    El teniente coronel Pienaar, que en marzo de 1960 mandaba la fuerza policial en Sharpeville responsable de la matanza de negros que se manifestaban contra la segregación racial, declaró tras los hechos que “la mentalidad de los nativos no les permite reunirse para manifestarse de forma pacífica. Para ellos reunirse significa violencia.” También negó “haber dado la  orden de disparar y añadió que no lo hubiera hecho en tal situación.”

    (Ambrose Reeves: The Sharpeville Massacre – A watershed in South Africa
    http://www.sahistory.org.za/pages/library-resources/articles_papers/1960-sharpeville-massacre-rev-ambrose.html)

    La deshumanización de la víctima es parte esencial del apartheid y del sionismo. Las palabras con las que los líderes israelíes definen a los palestinos no dejan dudas al respecto.

    Rafael Eitan, jefe del ejército israelí: “cuando hayamos colonizado la tierra, todo lo que los árabes serán capaces de hacer será corretear de un lado para otro como cucarachas drogadas en una botella.” http://news.bbc.co.uk/2/hi/middle_east/4034765.stm

    Golda Meir, primera ministra: “no existe algo llamado pueblo palestino… No es que nosotros vinimos y les echamos fuera y nos apropiamos de su país. Los palestinos no existían.” http://www.monabaker.com/quotes.htm

    Menachem Begin, primer ministro: (los palestinos) “son bestias que caminan sobre dos patas.” http://www.monabaker.com/quotes.htm

     

    La mentira y la propaganda como política paralela a la de los crímenes de Estado

    Israel se niega sistemáticamente a reconocer los crímenes que comete y si no puede hacerlo porque hay testigos que no puede silenciar como a los palestinos, o son de enorme envergadura, como el ataque contra Gaza en diciembre de 2008, entonces miente sobre lo sucedido y utiliza la letanía de los cohetes disparados por Hamas, del derecho a la defensa propia, de sospechosos terroristas que se dirigían a realizar un atentado, etc.

    Lo hace porque sabe que la opinión pública mundial no se va a tomar la molestia de ir más allá de los titulares de la prensa que le es favorable y que raros son los que van a consultar los informes de derechos humanos de la ONU, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, por no hablar de las organizaciones de defensa de los derechos humanos palestina: el Centro Palestino por los Derechos Humanos (http://www.pchrgaza.org/portal/en/), Badil (http://www.badil.org/) Stop the Wall (http://www.stopthewall.org/), etc., que dejan patente las graves violaciones que comete continuamente Israel contra los palestinos.

    En junio de 2006 un proyectil disparado por el ejército israelí mató a siete palestinos de una misma familia -cinco niños entre los muertos- que estaban pasando el día en la playa de Gaza. La maquinaria propagandística de Israel se puso en marcha de inmediato y el mundo recibió la noticia de que una mina terrestre plantada por Hamas había sido la causa de la mortandad.

    Hizo falta que Human Rights Watch enviase al lugar un experto militar, antiguo asesor del Pentágono, Marc Garlasco, para que algún medio se hiciese eco de su informe: “la explicación del ejército israelí es profundamente incorrecta. Entre los restos de metralla había una pieza grabada con las cifras 155MM. Este proyectil es el que usa Israel en los cañones con los que regularmente bombardea el norte de Gaza”
    http://www.guardian.co.uk/world/2006/jun/14/israel1

     

    Las condenas sin sanciones por parte de la comunidad internacional equivalen a connivencia con el Estado delincuente

    La matanza de Sharpeville provocó una condena mundial y la petición de sanciones. En los meses siguientes se produjeron diversos movimientos diplomáticos, entre los que destaca la abstención de Francia y el Reino Unido en la votación de la resolución del Consejo de Seguridad que pide el fin del apartheid (RCSNU S/4300) y la oposición del representante de Estados Unidos, que critica la imposición de sanciones contra Sudáfrica y afirma que su país se opondrá a las mismas.

    Por su parte, la Asamblea General, en su resolución no vinculante 1761, de 1962, pide a sus miembros de forma individual o colectiva la ruptura de relaciones diplomáticas con Sudáfrica en conformidad con la Carta, así como el boicot comercial y otras medidas similares.

    En 1963, frente a la creciente tendencia internacional a favor de sancionar y aislar al gobierno  sudafricano, el embajador estadounidense en la ONU critica esta posición con el argumento de que no obtendrá el resultado buscado y provocará la intransigencia del gobierno. No obstante, se toman algunas medidas menores relativas al comercio de armas, se discute sobre si el embargo ha de distinguir entre las de represión interna y las de defensa, etc.

    Sudáfrica hace caso omiso de la Resolución del Consejo de Seguridad 276, de 1970, avalada por la Corte Internacional de Justicia, que declara ilegal la ocupación de Namibia por parte de Sudáfrica. Francia y el Reino Unido se abstienen.

    En 1976 se produce una nueva matanza de cientos de negros, entre ellos numerosos niños, en Soweto. Esto provoca una oleada de condenas internacionales y algunas empresas extranjeras comienzan a retirar dinero del país.

    Desmond Tutu, viajó a Estados Unidos a finales de 1984, donde criticó la política de ‘diálogo constructivo’ de este país y señaló que podría acabar con el apartheid “mañana mismo” con una política de firmeza. Mientras, la firmeza se emplea en la represión contra los negros: el gobierno declara el estado de emergencia en 2005 y la policía mata a cientos de manifestantes a lo largo del año.

    Israel recibe, en el peor de los casos, condenas por actos similares y más crueles. Sin embargo, no es mediante la oratoria de presidentes, ministros de asuntos exteriores y Secretarios Generales de la ONU como se hace justicia, sino con la firme aplicación de la ley para casos de graves violaciones de los derechos humanos.

    En Palestina no hay justicia, pero la comunidad internacional espera que haya paz sin trabajar para conseguir primero aquella.

     

    La respuesta del Estado delincuente a las protestas: represión sin límites

    En 1977 el líder del Movimiento de la Conciencia Negra, Stephen Biko, es asesinado bajo custodia policial. Inmediatamente el gobierno arresta a otros líderes para evitar movilizaciones en la calle.

    La lista de líderes palestinos asesinados dentro y fuera de Palestina es larga y la de presos resulta increíble: cerca de 10.000. Durante años, sin juicio en muchos casos -lo que se conoce como arresto administrativo- torturados, sin derecho a visitas familiares, en condiciones indignas.

    Nadie está seguro con un Estado delincuente como Israel, ni militantes, ni palestinos ajenos a la resistencia. Por supuesto tampoco niños que tienen la mala fortuna de vivir en un área donde habita un miembro de la resistencia o que pasa por una calle donde tiene lugar un “asesinato selectivo”.

    En julio de 2002 un misil israelí acabó con la vida del líder de Hamas Salah Shehadeh, su mujer, sus hijos y varios vecinos. En 2009 se presentó una querella criminal en España contra los responsables –que obviamente no fueron juzgados en Israel ni en ningún otro país- sobre la cual la justicia española se declaró incompetente.

    Israel emplea la más dura represión contra todo tipo de resistencia, no sólo la armada, como quiere hacer creer la propaganda sionista (que omite que ésta es legítima bajo ocupación militar y a cambio la califica de ‘terrorista’), sino contra todos los palestinos.

    La cifra de cuatrocientos niños asesinados por uno de los ejércitos más poderosos del mundo en el ataque contra Gaza en un mes entre 2008 y 2009 ofrece una idea concisa de lo que es terrorismo. Éste es practicado a diario durante años por Israel y el “mañana mismo” de Tutu parece inalcanzable para los que aún permanecen con vida.

    Los pueblos cisjordanos de Ni’lin y Bi’lin, famosos internacionalmente por sus manifestaciones pacíficas y su “resistencia no violenta contra la ocupación” contra el muro de separación, cuentan con cientos de heridos, otros tantos de detenidos y una decena de muertos a manos del “ejército más moral del mundo” y de sus francotiradores, respectivamente.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=94854

     

    Gracias a la complicidad internacional, Israel y Sudáfrica se burlan el embargo

    En 1977 la Resolución 418 del Consejo de Seguridad declara el comercio de armas con Sudáfrica “una amenaza para la paz” y aprueba un embargo obligatorio de éstas. Hay que resaltar que no se declara el apartheid una amenaza para la paz, lo cual resulta sorprendente, especialmente si se considera que aquél estaba en vigor desde 1948 –es decir, 30 años- y que Sudáfrica había atacado militarmente a países vecinos.

    Con todo, lo peor es que el embargo se burló, en gran parte debido a que el Consejo de Seguridad estableció un Comité de Sanciones, pero sin dotarle de un sistema de control para el caso. Cuesta creer que este fallo fuese involuntario en políticos de categoría y experiencia acorde a las funciones del Consejo de Seguridad.

    Según el informe de expertos de la ONU sobre embargo y sanciones de 1999, “quedó claro que las armas continuaron llegando a Sudáfrica”. La conclusión de los expertos es que “el embargo de armas no consiguió degradar la capacidad militar de Sudáfrica. Al contrario, el régimen racista logró aumentar su producción interna de armas. Hubo numerosos informes de intercambios secretos de armas con otros países y de que el embargo no fue unánimemente respetado.”
    http://www.un.org/Docs/sc/committees/sanctions/background.doc

    Israel tuvo el papel más destacado en esta violación del embargo. Los intercambios políticos y militares entre ambos países no pudieron ser más estrechos, lo cual incluye tratos con dirigentes sudafricanos que eran nazis y el desarrollo conjunto de tecnología y armamento nucleares.

    El primer ministro Rabin recibió en Jerusalén en 1976 al primer ministro sudafricano Vorster, quien había estado internado en un campo de concentración británico por nazi y había mandado a su ejército a invadir Angola. En la cena de gala Rabin “brindó por los ideales comunes de justicia y coexistencia pacífica”. Vorster correspondió declarando que “Israel y Sudáfrica son víctimas de los enemigos de la civilización occidental.”

    Han pasado 35 años y las mentiras de los gobernantes no han cambiado, las injustas relaciones internacionales tampoco. Se puede consultar al respecto el interesante artículo (del que se extrae la cita anterior y que presenta de forma breve y fidedigna el meollo del asunto publicado también en diversos libros): “Hermanos de armas: el pacto secreto de Israel con Pretoria”, de Chris McGreal, publicado por The Guardian el 7 de febrero de 2006. http://www.guardian.co.uk/world/2006/feb/07/southafrica.israel

     

    Estados Unidos: el paladín de los estados delincuentes y criminales

    Lejos de las reuniones bilaterales en Jerusalén, la Asamblea General sigue enfrentada al Consejo de Seguridad por causa del apartheid. El antidemocrático derecho de veto de sus cinco miembros permanentes deja en un lodazal las decisiones de la mayoría. Aquella aprueba en 1977 una recomendación para que éste imponga un embargo de petróleo a Sudáfrica, pero una vez más Estados Unidos, Reino Unido, Francia y otros países poderosos se abstienen.

    En 1981, con la llegada de Reagan a la presidencia de Estados Unidos, su Departamento de Estado anuncia una política de “diálogo constructivo con Sudáfrica”, política exterior que recuerda inmediatamente a la de España en la actualidad.

    En realidad, eso significaba entonces apoyo a Sudáfrica, como hoy día significa apoyo a Israel. Obama dijo lo mismo al presidente de Líbano en la visita que éste hizo a Washington en diciembre de 2009 al referirse a la paz en la zona: “Lo que compartimos es un compromiso para resolver estas cuestiones mediante el diálogo y las negociaciones en vez de mediante la violencia”.
    http://palestinethinktank.com/2009/12/27/obama-and-suleiman-forget-the-rhetoric-let-the-face-and-the-money-tell-the-story/

    Estados Unidos estaba dispuesto a llegar aún más lejos. En ese mismo año de 1981 rompe con la exigencia común de sus aliados Reino Unido, Francia, Alemania y Canadá a Sudáfrica de llevar a cabo el plan de las Naciones Unidas para la independencia de Namibia y lo une a la retirada de tropas cubanas de Angola.

    En los años siguientes las dos potencias mundiales, Estados Unidos y la Unión Soviética, se enfrentan por medio de países interpuestos en África Austral, que reciben suministros de armas de uno y otro.

    Israel es desde hace muchos años el primer receptor de ayuda militar estadounidense. Desaparecida aquélla y ahora proveedor universal, Estados Unidos firmó en agosto de 2007 un acuerdo con Israel por el que le otorgaba una ayuda militar por valor de 30 mil millones de dólares para los próximos diez años. El mismo vendedor planeaba otro acuerdo militar con sus aliados árabes (Egipto y Arabia Saudita) por valor de 20 mil millones.

    Según informó entonces el New York Times, fuentes oficiales del Departamento de Estado calificaron la ayuda “como una inversión a largo plazo en la paz.”
    http://www.nytimes.com/2007/08/16/world/middleeast/16cnd-israel.html?_r=1&hp

    La verdadera actuación de Estados Unidos respecto de la paz se aprecia bien hoy en Oriente Medio, como se veía ayer en África del Sur, en la última agresión de Israel contra Líbano en 2006:

    En julio de ese año bloqueó una condena de las Naciones Unidas a Israel y fue el único de los quince miembros del Consejo de Seguridad que bloqueó la petición libanesa de llamada al alto el fuego y cualquier otra medida relativa al cese del ataque israelí sobre Líbano.

    En agosto intensificó el envío de armas sofisticadas a Israel del tipo que emplea en sus ataques aéreos, concretamente bombas guiadas por láser y por satélite, mientras se multiplicaban las declaraciones de su secretaria de estado, Rice, y su embajador en las Naciones Unidas, Bolton, sobre “el derecho de Israel a defenderse”, “la principal causa del problema es Hizbolah”, “el presidente no va a tomar decisiones sobre asuntos militares que corresponden a Israel”, recogidas por las agencias de noticias de todo el mundo (Reuters, AP, Aljazeera, etc.)

     

    El apoyo de la comunidad internacional al Estado delincuente

    En 1985 el gobernador del banco central sudafricano viaja a Europa en busca de ayuda para solucionar la crisis financiera de su país, pero apenas encuentra apoyo. Por su lado los trabajadores de las minas de oro anuncian una huelga para aumentar la presión.

    Los políticos israelíes viajan mucho en estos tiempos a Occidente, aunque de forma más o menos disimulada a la vista de las querellas que les llueven desde diversos países, con el fin de llevar su mensaje de “defensa propia”, “guerra contra el terrorismo islámico” y “compromiso con el proceso de paz”, que contrarreste la imagen que tienen entre la ciudadanía de esos países.

    Lamentablemente se les recibe y lo que es peor, se multtiplican y mejoran los acuerdos de todo tipo en todas las áreas entre

     

  • Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein sobre el boicot a Israel

    Naomi Klein muestra cómo boicotear a Israel sin cortar el diálogo sobre Palestina

    Cecilie Surasky
    AlterNet

    Traducido para Rebelión por S. Seguí.

    Pocas campañas sobre un tema de justicia global son más polarizadoras, incluso explosivas, que el intento de utilizar el boicot, la desinversión y las sanciones internacionales para presionar a Israel a fin de que ponga fin a la ocupación, tras 42 años, de los territorios palestinos.

    Pregúntenle a Neve Gordon.

    Recientemente, Gordon, jefe del departamento de Ciencias Políticas en la Universidad Ben Gurión y veterano activista por la paz, publicó un desgarrador artículo de opinión en el diario Los Angeles Times, haciendo suyo el llamamiento palestino al boicot, la desinversión y las sanciones (BDS).

    Después de oponerse inicialmente a esta táctica, se convenció de su utilidad y escribió que la presión externa «es la única manera de salvar a Israel de sí mismo.»

    Gordon estaba preparado para una reacción, pero no para la que ha sufrido en las últimas semanas: miembros del parlamento israelí, el Knesset, pidieron su inmediata destitución; el ministro de Educación calificó su artículo de repugnante; y la presidenta de su universidad lo puso a los pies de los caballos, cuando afirmó que invitaba a las personalidades académicas que tengan estos sentimientos a que se busquen un hogar académico y personal en otro lugar. Más tarde, dio a entender que las declaraciones de Gordon podrían constituir un acto de traición. Evidentemente, la estrategia del BDS, que fue parte de la llamada estrategia de Sudáfrica, traza una línea en la arena para muchos que creen que ejercer la presión económica sobre Israel es necesariamente antijudío.

    Sin embargo, para sus precursores el BDS es una táctica no violenta que ha demostrado su validez y que puede presionar a Israel para que acate el derecho internacional y así lograr un impacto en un ámbito en que los esfuerzos de diversos gobiernos han fracasado miserablemente.

    Aunque la sociedad civil palestina hizo el llamamiento al BDS en 2005, este movimiento tomó impulso tras el brutal ataque de Israel a Gaza el pasado diciembre y enero.

    Ahora es innegable que sigue creciendo, especialmente en el mundo de la creación. Autores consagrados como John Berger, Eduardo Galeano y Adrienne Rich lo han apoyado, y los festivales de cine de Israel se enfrentan a una sucesión de boicots.

    El anuncio reciente de que el Toronto International Film Festival va a dedicar una sección especial Ciudad a ciudad en honor de Tel Aviv amenaza con convertir el segundo festival de cine más importante del mundo (después del de Cannes) en sede de airadas protestas.

    Una de las figuras de más alto perfil que ha apoyado la convocatoria del BDS es la escritora y activista canadiense Naomi Klein, que suele reunir multitudes y gran cobertura mediática, y altas ventas de sus libros en sus viajes de promoción de sus obras.

    En el momento de publicar su ultimo superventas, The Shock Doctrine, en hebreo y árabe, Klein decidió que la situación política en Israel y Palestina exigía un enfoque radicalmente diferente.

    En oposición a la ocupación de Israel, Naomi decidió no firmar un contrato de publicación tradicional, con sus anticipos y sus derechos de autor. En su lugar, donó el libro a Andalus, una editorial que trabaja activamente contra la ocupación. Es el único editor de Israel dedicado exclusivamente a la traducción de textos del árabe al hebreo, algo que su fundador Yael Lerer describe como «la política editorial entendida como un acto de resistencia».

    Klein y Lerer también decidieron emprender una gira promocional que hiciese honor a la llamada de los palestinos en favor de un boicot cultural contra Israel, y que a la vez mostrase que el boicot no implica cortar la comunicación y el diálogo, tan necesarios.

    Con estas premisas, Klein y Lerer aprovecharon la gira para llamar la atención sobre el boicot y la lucha palestina, y para provocar un diálogo interno, en Israel, sobre el boicot como modo de presionar a este país para que cumpla con el derecho internacional.

    El mes pasado, en Tel Aviv, me senté con Klein y Lerer para preguntarles acerca de los objetivos, el significado y los detalles concretos de la aplicación de un boicot cultural, y también por qué Lerer, un judío israelí, está diciendo al mundo: «Por favor, boicotéenme.»

    He aquí algunos extractos de esa entrevista. – Cecilia Surasky

    ________________________

    Cecilie Surasky: ¿Qué es esta llamada al boicot, la desinversión y las sanciones? ¿Y, por qué la apoyan?

    Naomi Klein: Boicot, desinversión y sanciones (BDS) es una táctica con un objetivo muy claro: obligar a Israel a cumplir con el derecho internacional.

    La llamada al BDS la hizo en 2005 una serie extraordinariamente amplia de grupos palestinos de la sociedad civil, partidos políticos y sindicatos. Pero en realidad no comienza a ganar un perfil internacional hasta el ataque israelí contra el Líbano en el verano de 2006.

    En plena guerra, el escritor John Berger, envió una carta, firmada por muchos artistas conocidos, en su mayoría europeos, declarando su apoyo a la estrategia de boicot. Cuando esta carta se conoció, yo estaba de lleno en la escritura de The Shock Doctrine, y tomé una decisión personal en el momento que salió el libro, de que no haría lo que había hecho con las traducciones al hebreo de mis dos libros anteriores, que fueron publicados por editoriales comerciales bastante tradicionales.

    En cambio, pensé hacer lo que John Berger estaba pidiendo, que era encontrar una manera de publicar en hebreo que fuese un apoyo directo a los grupos que trabajan para poner fin a la ocupación. Así es como conocí a Yael, que no tiene nada que ver con el típico editor israelí, y que ha manifestado abiertamente su apoyo al BDS, a un alto costo profesional.

    Surasky: Usted debe haber meditado bien esta idea de un boicot cultural. Muchos críticos dirían que cierra la comunicación en lugar de abrirla. ¿Qué le decidió a dar este paso?

    Klein: Bueno, tiene que ver con el hecho de que el gobierno israelí utiliza abiertamente la cultura como herramienta militar. Aunque las autoridades israelíes creen que están ganando la guerra real por el territorio, también sienten que el país sufre porque casi todo lo que el mundo oye de la región en las noticias es sobre el conflicto: la militarización, la anarquía, la ocupación y Gaza.

    Así que el Ministerio de Asuntos Exteriores puso en marcha una campaña llamada Israel, más allá del conflicto, que incluye el uso de la cultura –películas, libros, artes, turismo y academia– para crear todo tipo de alianzas entre los países occidentales y el Estado de Israel, y para promover la imagen de un país normal y feliz, en lugar de una potencia ocupante agresora. Por esto estamos siempre oyendo hablar de festivales de cine y ferias del libro con un énfasis especial sobre Israel.

    Y así, aunque en general estoy totalmente de acuerdo en que la cultura es positiva –los libros son buenos, las películas son algo positivo y la comunicación es maravillosa– tenemos que entender que se trata de una estrategia estatal de cooptación, para hacer una brutal ocupación más aceptable.

    Hay otras cosas que también entran en esta categoría: el Estado de Israel tiene una estrategia abierta de meter los derechos de gays y lesbianas y el feminismo en el conflicto, poniendo frente a frente el fundamentalismo de Hamás y el supuesto liberalismo ilustrado de Israel, como otra justificación para el castigo colectivo de los palestinos, obviando el poder y la intolerancia cada vez mayores de los judíos ultraortodoxos. Es una estrategia muy sofisticada.

    Esto significa que tenemos que idear estrategias igualmente sofisticadas que defiendan los derechos humanos y la cultura, por una parte, pero que, por otra parte, rechacen todo intento de utilizar nuestro trabajo y nuestros valores para encubrir la fea realidad de la ocupación y la segregación.

    Surasky: Usted ha hecho una gira muy distinta de cualquier otra, para la promoción de un libro. Yael Lerer y su editorial, Andalus, publicaron el libro en hebreo. Aparentemente, hay una contradicción inherente a venir a Israel y Palestina y hacer una gira de promoción a la vez que apoya un boicot. Sin embargo, han conseguido ustedes que funcionara. ¿Pueden explicarlo?

    Yael Lerer: Andalus ha lidiado con esta contradicción desde el principio. Publicamos los escritores árabes que se oponen a la normalización de la ocupación, igual que nosotros. Siempre tratamos de hallar la manera de enfrentar estas contradicciones.

    En realidad, esta es la primera vez que hemos hecho una gira de promoción, porque nuestro modo habitual de hacer frente a estas contradicciones es traducir libros, no celebrar fiestas. Nuestros escritores nunca vienen aquí. Así que aquí hemos tenido este desafío por primera vez.

    Hemos hecho el gran lanzamiento de la edición en hebreo no en Tel Aviv sino en Haifa, en un teatro árabe, donde nuestros anfitriones no eran instituciones oficiales israelíes sino instituciones minoritarias palestinas. Como usted sabe, hay una minoría palestina de un 20 por ciento de la población de Israel.

    Pero este evento no sólo iba dirigido a esta comunidad: invitamos también a los judíos israelíes a venir. Se podía leer en todas partes, en hebreo: Naomi Klein viene a Haifa, ven a escucharla.

    Al mismo tiempo, ha sido importante celebrar los primeros actos relacionados con el Jerusalén Este y Ramallah, con la edición en árabe, y también que, antes de cualquier presentación del libro, Naomi participara en una manifestación en Belén contra el muro de separación.

    Así que hablamos con el público israelí en los eventos y a través de los medios de comunicación israelíes. El libro está disponible en hebreo. Pero, al mismo tiempo, expresamos una fuerte posición contra la normalización. No actuamos como si la situación fuera del todo normal.

    Klein: Esta es la cuestión: esto no es un boicot a los israelíes. Es un boicot al fingimiento de que todo es normal en Israel, porque es para esto para lo que invitan a los productores culturales.

    Ha habido una enorme cantidad de declaraciones falsas acerca de la campaña de boicot, afirmando que se trata de un boicot a los israelíes, o a los judíos, o que es antisemita. Estamos tratando de aclarar estos conceptos erróneos con esta gira. Hay algunas reglas claras: no vamos a trabajar con una feria del libro patrocinada por el Estado, por ejemplo. He rechazado invitaciones para venir a Israel para hablar en festivales de cine patrocinados por el Estado israelí, y cosas así.

    Si mi intención fuera boicotear a los israelíes, yo no estaría en Israel en interacción con los israelíes. Me hubiera quedado en casa.

    Una de las cosas que estamos tratando de manifestar con esta gira es que para una extranjera como yo, sea cual sea la razón por la que decidas venir a Israel, estás haciendo una opción, estás colocándote al lado de una de las partes. Es posible pretender que no es así, pero esto sólo es posible por el éxito de Israel en hacer invisible el conflicto, dentro de una burbuja cuidadosamente construida.

    En mi libro hay un largo capítulo sobre Israel y la construcción del Estado de Seguridad Nacional. Se analizan en detalle las empresas que fabrican el muro, las cercas metálicas y los puestos de control de alta tecnología que mantienen a los palestinos de los territorios ocupados en un estado de vigilancia constante.

    La eficacia del sector de la seguridad nacional hace posible llegar a ciudades como Tel Aviv y estar casi completamente ajeno a lo que está sucediendo en Ramallah o en Gaza. Este Estado es como una comunidad cerrada gigante. Se ha perfeccionado el arte de construir una burbuja de seguridad, lo que es, en cierto sentido, su marca.

    Es una marca que se vende a los judíos de la diáspora como yo. Nos dicen: «Podemos manteneros a salvo, podemos crear, en un mar de enemigos, una burbuja de seguridad para que disfrutes, tengas unas vacaciones de playa maravillosas, puedas ir a festivales de cine y ferias del libro, incluso en el momento en que nosotros bombardeamos de Gaza o convertimos Cisjordania en una cadena de minibantustanes, rodeados de muros y asentamientos en expansión, y de carreteras a las que los palestinos no tienen acceso.»

    Son las dos caras de una misma moneda: la burbuja de la normalidad, la brutalidad del confinamiento. Así pues, que no es un acto políticamente neutral participar de la burbuja.

    Es muy importante que tenga lugar este diálogo, y por esto es tan importante para nosotros que se haya publicado el libro en hebreo, tanto para sacar esta información a la calle israelí como para desafiar a las personas que están tergiversando esta táctica como si fuera un boicot a los judíos o un boicot a los israelíes. No estamos haciendo nada de eso.

    He donado mis derechos de autor a la editorial Andalus, es decir que no tengo ningún beneficio en esto. He escogido esta editorial porque es una editorial activista que mantiene una clara posición en contra de la ocupación.

    Si el libro se vende bien, les ayudará a continuar su trabajo. La campaña de boicot no pide a la gente que no venga a Israel o a los Territorios Ocupados para compartir ideas y arte, pide que lo hagan en una actitud clara contra la ocupación y la discriminación.

    Surasky: ¿Y cómo han reaccionado los medios de comunicación israelíes ante esta primera gira de oposición al boicot?

    Klein: No muy bien. Una de las contradicciones que estamos enfrentando es que realmente queríamos provocar un debate en Israel, porque mientras el BDS se está discutiendo en Europa y Canadá, es casi invisible dentro de Israel; hay una auténtica censura en torno a esta cuestión.

    Prácticamente, la única opinión que se oye es: «Oh, son sólo un montón de antisemitas; odian a los israelíes y a los judíos.» Una opinión muy, muy distorsionada.

    Así que nuestra idea era hacer más difícil este falseamiento, poner algunos datos sobre la mesa y decir: «Miren, hemos traducido este libro, y estoy aquí en Israel. Vamos a celebrar el diálogo y la comunicación que Israel supuestamente defiende con tanto ahínco.»

    Lo que estamos encontrando es mucho interés por parte de los israelíes, pero una gran resistencia de los medios de comunicación israelíes ante el mero hecho de abrir el debate tanto sobre el papel del sector de la seguridad en la presión contra la paz como sobre el posible papel de un movimiento de boicot en la creación de nuevos grupos de presión en favor de la paz.

    Una vez manifestada mi posición clara a favor del boicot, en el diario Ha’aretz, muchos medios de comunicación se cerraron para nosotros, lo cual no dice mucho en favor de la amplitud del debate, pero no es en absoluto sorprendente tampoco.

    Surasky: ¿Cuál es el objetivo de esta campaña? ¿Qué te gustaría que saliera de todo esto?

    Klein: Se basa en la estrategia de Sudáfrica, que la lucha contra el apartheid en Sudáfrica utilizó con gran éxito en la década de 1980. Había boicot académico, boicot cultural y boicot de los consumidores.

    Pero la palanca económica realmente fundamental fue la desinversión por parte de universidades y municipios en las empresas que hacían negocios con la Sudáfrica del apartheid. La campaña comenzó a ser demasiado costosa tanto para las empresas de Sudáfrica como para las transnacionales occidentales que tenían inversiones importantes en Sudáfrica.

    Había también una situación un poco similar a la de Israel, en la que una minoría blanca, boer, que se consideraba parte de Europa, parte de Occidente. Y de repente comenzaron a no poder escuchar los conciertos americanos y europeos que deseaban, a no poder acoger las ferias del libro que querían, y todo esto no les gustó.

    Así que ejercieron presión sobre su gobierno para pusiese fin a la situación, a pesar de que los sudafricanos blancos se tenían por muy virtuosos y les enfurecían los boicots y las sanciones.

    La esperanza es que este tipo de dinámica funcione también aquí, dado que es tan importante para la propia imagen de Israel que el país sea visto como un miembro honorario de la Unión Europea o un adjunto de Estados Unidos.

    Cuando escritores y artistas dejen de participar en la estrategia del gobierno israelí de utilizar la cultura para ocultar lo que hay del otro lado del muro de hormigón, los israelíes puede llegar a la conclusión de que dicho muro es una rémora y decidan acabar con él.

    Lerer: Estoy completamente de acuerdo. Como ciudadano israelí, estimo necesario el boicot por dos razones.

    En primer lugar, quiero que los israelíes sean más conscientes que todo no es normal. No significa nada que muchos israelíes que se consideran de izquierda digan: «Es horrible lo que está ocurriendo en Gaza y en Hebrón», mientras siguen con sus vidas como si tal cosa.

    Estas personas van a los espectáculos y los conciertos, son las élites de este país. Son los periodistas que trabajan en los periódicos. Quiero conmoverlos, quiero sacudir estas personas y hacerles entender que no pueden continuar su vida normal cuando los palestinos de Qalqiliya [una ciudad de Cisjordania completamente rodeada por el muro de separación], a sólo 15 minutos de Tel Aviv, viven en una prisión.

    La segunda razón por la que me interesa el boicot es porque he perdido la esperanza de crear el cambio desde dentro, que era lo que yo traté de hacer como activista durante muchos años.

    Hace veinte años, nunca me hubiera imaginado esta situación de semiapartheid. Me preocupa el futuro en este lugar, me preocupan mis compatriotas israelíes. Tengo una gran familia aquí y muchos, muchos amigos.

    Conozco a muchas personas que no tienen otro pasaporte y que no tienen otras opciones. Creo que la solución para este lugar, el único futuro posible, es la convivencia. Lamentablemente, en esta etapa, no veo cómo este futuro pueda alcanzarse sin la presión internacional.

    Y creo que el boicot es una herramienta no violenta que ya ha demostrado que puede funcionar. Por eso pido: por favor, boicotéenme.

    Klein: Yo también pienso que tenemos que ser muy claros: éste es un conflicto extraordinariamente asimétrico donde el Estado de Israel es el mayor boicoteador de todos: la economía de Gaza y Cisjordania ha sido totalmente destruida por el cierre fronterizo.

    Además de cerrar las fronteras para que los productores en Gaza no puedan sacar sus frutas y verduras, más de 200 instalaciones industriales en Gaza fueron atacadas durante el ataque, a finales de diciembre y enero. Fue una destrucción sistemática de esa economía, para dar una lección a Gaza por haber votado por Hamás. Así que, el boicot ya está teniendo lugar.

    Según entiendo el BDS, es una táctica a la que estamos recurriendo a causa de la impunidad israelí. Hay una absoluta falta de voluntad de aplicar el derecho internacional al Estado de Israel. Hamás ha cometido crímenes de guerra, pero hay una respuesta internacional a esos crímenes. Sin embargo, no hay respuesta a los crímenes de guerra israelíes, de una escala exponencialmente mayor.

    Estábamos hace poco en Gaza. Lo que realmente me impresionó fue la sensación de choque entre tanta gente por el hecho de que después de los ataques de diciembre-enero, después de que cientos de niños fueran asesinados, la comunidad internacional no ha emprendido ninguna iniciativa para responsabilizar a Israel.

    Es decir, se trataba de una muestra de total impunidad y desprecio por el derecho internacional, por las leyes de la guerra, que, por cierto, fueron creadas en respuesta directa a las atrocidades nazis de la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo, no sólo no hay consecuencias para los crímenes, sino el asedio ilegal de Gaza sigue adelante.

    Lo que manifiesta el BDS es que nuestros gobiernos han fracasado, las Naciones Unidas han fracasado, la llamada comunidad internacional es una broma. Tenemos que llenar este vacío.

    Creo también que este movimiento puede hacer cambiar el juego de Estados Unidos. Recordemos que una gran parte del éxito de la lucha contra el apartheid en los años 80 se debió a la educación popular.

    Una vez que se llegaba a la conclusión de que nuestra escuela, o nuestra ciudad, debe desinvertir en la Sudáfrica del apartheid, de inmediato se tenía que hacer campaña educativa, y explicar qué era el apartheid, y había que hacer exponer las razones de un modo convincente. Y la gente fue persuadida.

    La llamada campaña palestina en favor del BDS podría desempeñar esta función de agitación en la actualidad, proporcionando a la gente algo concreto en torno a lo que organizarse en sus escuelas y comunidades.

    Tanto si lo reconoce como si no, el Presidente Barack Obama necesita de la lucha palestina para ganar en popularidad entre los movimientos de base, como en su día significó la lucha de Sudáfrica. El presidente ha dado pasos muy pequeños para forjar un nuevo tipo de acuerdo con Israel, pero aún así está enfrentando una enorme presión de la derecha. Tiene que haber una presión contrapuesta sobre Obama que le diga: En realidad, usted no va lo suficientemente lejos. ¿Dice usted no a los nuevos asentamientos? ¿Y si dijéramos: no los asentamientos, punto?

    Así que la única esperanza de que no se limite a su actual posición provisional, sino de que mejore la situación, es que haya un movimiento popular que sea muy claro en sus exigencias de que Israel acate el derecho internacional en todos los frentes, y eso es exactamente lo que es el BDS.

    Surasky: ¿Cómo están respondiendo los israelíes de izquierda a la idea de un boicot?

    Lerer: Algo sucedió en la última guerra de Gaza, en enero. Quinientos cuarenta israelíes, entre los cuales había destacados académicos, actores y cineastas, firmaron una petición solicitando la presión internacional sobre Israel.

    Un párrafo de dicha petición afirmaba que sólo el boicot ayudó en el caso de Sudáfrica. Todavía no era una llamada directa al boicot, pero fue un paso muy importante. Ahora estamos formando un nuevo grupo de ciudadanos israelíes que apoya el llamamiento palestino al boicot, llamado Boicot desde dentro (BFM, Boycott From Within).

    En 2005, tratamos de organizar un grupo de artistas en apoyo del llamamiento palestino al boicot académico y cultural, y fracasamos. La gente nos preguntaba: ¿Cómo podemos boicotearnos a nosotros mismos? Es muy difícil, es demasiado radical. Muchas de estas personas ya han firmado la petición de Gaza, y que se están uniendo a nuestro nuevo grupo Boicot desde dentro.

    Ellos entendieron que no se trata de boicotearnos a nosotros mismos, sino de pedir a la comunidad internacional, a nuestros conciudadanos en todo el mundo que actúen: Por favor, ayúdennos con su boicot.

    Surasky: Hablemos de ejemplos concretos de otras personas que estén apoyando esta convocatoria.

    Klein: La mayoría de los artistas no conocen la llamada al BDS, a pesar de que viene de cientos de grupos palestinos. Estamos trabajando en un contexto en el que las voces palestinas son prácticamente inaudibles en Occidente.

    Así pues, las personas vienen a Israel a recibir un premio, o a dar un concierto en Tel Aviv, no saben que básicamente están rompiendo un boicot. La mayoría no sabe ni siquiera que se ha hecho una llamada a la resistencia no violenta por un pueblo que, recordemos, han sido absolutamente vilipendiado por utilizar cualquier tipo de resistencia armada. Lo que intento decir es lo siguiente: si rechazamos la resistencia armada, y también rechazamos el boicot y las sanciones ¿qué queda?, ¿firmar peticiones en Internet?, ¿realmente creemos que esto va a terminar con la ocupación?

    Pero sí, algunos cineastas políticamente activos han decidido no participar en festivales de cine israelíes patrocinados por Israel.

    Ken Loach se retiró del Melbourne International Film Festival cuando supo que estaba patrocinado por el gobierno israelí. El director de cine canadiense John Greyson retiró una película, magnífica, llamada Fig Trees, del festival de cine gay y lésbico de este año en Tel Aviv.

    Más recientemente, los Yes Men escribieron una carta muy atenta al Festival de Cine de Jerusalén, explicando por qué decidieron retirar del festival su nueva película, The Yes Men Save the World.

    Y ahora se habla de la organización de un festival de cine pro BDS en Ramallah, una vez más para boicotear lo que se entiende por normalidad y a la vez llevar estas películas allí.

    Surasky: Acabo de leer una crítica del BDS según la cual si no se pide el boicot de Corea del Norte, o de Estados Unidos por lo de Afganistán o Irak, entonces la llamada al boicot es antisemita. ¿Cómo se puede abordar esta crítica?

    Klein: Yo también la he oído, pero yo no estoy llamando a un boicot de nadie. Estoy respetando un llamamiento a un boicot que han hecho cientos de grupos palestinos.

    Creo en el principio de que las personas en circunstancias de opresión tienen derecho a la libre determinación. Eso está en el corazón de esta lucha. Esta es una táctica no violenta que ha sido elegida por una amplia gama de grupos de la sociedad civil.

    Los iraquíes, por lo que yo sé, no han pedido un boicot contra Estados Unidos, aunque sería sin duda su derecho. Y sin embargo, algunas personas reaccionan como si yo, en cierto modo, hubiera pensado en mi habitación «A ver a quién boicoteamos hoy. Pito-pito-colorito…, Corea del Norte, Zimbabue, Birmania… ¡Israel!»

    Una vez más, la única razón de esto pueda suceder es debido a que las voces palestinas están efectivamente marginadas en la prensa occidental.

    Por cierto, la mayoría de los ejemplos que se sacan a relucir en estos debates son ejemplos en los que hay sanciones muy claras en contra de estos países. Así que no estamos tratándolos con la impunidad con que estamos tratando a Israel.

    En este caso, se necesita un proyecto desde la base para estar presentes donde los gobiernos han renunciado completamente a su responsabilidad de ejercer presión en nombre del derecho internacional.

    Lerer: Pero no sólo eso, los países citados no tienen festivales de cine y Madonna no va a dar un concierto en Corea del Norte.

    El problema aquí es que la comunidad internacional trata a Israel como si fuera un estado occidental normal, europeo. Y esta es la base del llamamiento al boicot, la relación especial que tienen las universidades israelíes con universidades europeas y estadounidenses, que las universidades de Zimbabwe no tienen.

    Estoy convencido de que Israel no podría continuar la ocupación ni un solo día sin el apoyo de los Estados Unidos y la Unión Europea. La comunidad occidental apoya la ocupación. Como Naomi estaba diciendo, no hacer nada es actuar.

    Surasky: Algunos opinan que esto no va a ayudar, que los israelíes se consideran en estado de sitio, que los judíos están en estado de sitio, y que realmente la iniciativa va a hacer a los israelíes menos abiertos a la paz.

    Klein: Es inevitable que, al menos en el corto plazo, va a alimentar este sentimiento de sitio en Israel.

    Pero no es racional, porque en realidad, lo que estamos tratando es un contexto en el que Israel se ha visto recompensado. Si nos fijamos en estos años clave, desde la elección de Hamás, cuando el sitio de Gaza se hizo completamente brutal e ilegal sin lugar a dudas, el comercio con Israel de hecho ha aumentado sensiblemente. Se han puesto en marcha nuevos acuerdos especiales entre la Unión Europea e Israel, y también con América Latina. El año pasado, las exportaciones israelíes a Canadá aumentaron en un 45 por ciento.

    A pesar de que Israel está siendo recompensado por este crimen y se está saliendo con la suya con una violencia extraordinaria, la sensación entre muchos israelíes de estar en estado de sitio está en aumento.

    La pregunta es, ¿vamos a fomentar esta irracionalidad? Si es así significará que no hacemos nada, que entregamos voluntariamente las herramientas más efectivas del arsenal no violento.

    Israel, a pesar de la abrumadora evidencia en contra, cree que el mundo entero está en contra suyo y que todas las críticas a que se enfrenta son formas de antisemitismo.

    Esto es simplemente falso, y como activistas ya no podemos permitir que el complejo de víctima de un país enmascare la victimización real de la población palestina.

     

     

    © 2009 Independent Media Institute.
    Cecilie Surasky es vicedirectora de la organización Jewish Voice for Peace (Voz Judía por la Paz).
    S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.
    Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90982
    http://www.alternet.org/story/142341/
  • ¿Por qué boicotear a Israel? Omar Barghouti

    ¿Por qué boicotear a Israel? Omar Barghouti

    ¿Por qué boicotear a Israel?

    Omar Barghouti

    “¿Dónde está el mundo? ¿Están todos muertos?” Así clamaba una madre doliente en Rafah (Franja de Gaza) que apareció en al-Yazira. Ante ella, yacía el cuerpo sin vida de su pequeño.

    Enfrentados a la abrumadora opresión de Israel, los palestinos que sufren la ocupación, los de los campos de refugiados y los que habitan en el corazón de la característica forma de apartheid del estado hebreo se vuelven cada vez más hacia el mundo en busca de comprensión, de compasión y, lo que es más importante, de solidaridad. No mendigamos simpatía. Nos ofenden profundamente las actitudes paternalistas porque ya no somos una nación de víctimas desventuradas. Estamos resistiendo la opresión colonial y racial, aspiramos a obtener justicia y una paz auténtica. Por encima de todo, luchamos por el principio universal de una humanidad igualitaria.

    Pero no podemos hacerlo solos. Necesitamos apoyo internacional.

    La cuestión de Palestina fue creada por el mundo, sobre todo por la parte occidental, y es el mundo el que debe estar a la altura de su responsabilidad para resolverlo. El conocido filósofo francés Etienne Balibar capta este rasgo excepcional cuando afirma que la causa palestina es “universal” porque “representa un test para el reconocimiento de lo que está bien y para la aplicación de la ley internacional” [1]. De hecho, en pocas otras causas en la historia moderna se ha cuestionado de una forma tan tremenda la primacía del imperio de la ley y de los principios morales.

    Dada su indiscutible superioridad militar, y lo incuestionable del apoyo omnímodo de que disfruta por parte del único imperio del mundo así como de la falta de voluntad política de los estados árabes y europeos para controlarlo, Israel ha estado violando la legislación internacional con audaz impunidad y con total desconsideración por la opinión de la ONU o de la opinión pública mundial. Solo una presión internacional amplia, sistemática y sostenida puede contribuir a acabar con la injusticia y la opresión de Israel, por medio del establecimiento de su estatus como un estado paria.

    Este artículo se centra en la dimensión ética del boicot, una táctica que yo considero no solo una forma justificada de intervención internacional, sino también un imperativo. Más concretamente, se analiza el boicot académico y cultural por su naturaleza obviamente polémica.

    La llamada palestina al boicot cultural y académico contra Israel [2] se basa de manera específica en la opresión israelí, sistemática y sostenida, del pueblo palestino, que básicamente adopta tres formas:

    Primero: El rechazo de Israel al derecho de retorno de los refugiados palestinos a sus tierras y propiedades, derecho estipulado en la legislación internacional, y la negación de toda responsabilidad por la Nakba, la desposesión masiva y la campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los sionistas en torno a 1948 que convirtió a casi 800.000 palestinos en refugiados. Existe casi un consenso total entre los israelíes, incluyendo a profesores universitarios y otros intelectuales, en la negación de los derechos legales y moralmente vinculantes de los refugiados palestinos [3].

    La dimensión más peculiar en los discursos israelíes populares y cultos sobre la creación del estado consiste en sustituir el concepto de colonización por el de “independencia” y el de destrucción por “nacimiento”. Incluso “izquierdistas” comprometidos a menudo se lamentan por la pérdida de la superioridad moral de Israel tras la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967, como si anteriormente a esa fecha Israel fuera tan civil, legítimo y respetuoso de la ley como Finlandia. Irónicamente, al tiempo que se niegan testarudamente los derechos de los refugiados palestinos, los intelectuales israelíes han desempeñado un papel crucial en las campañas masivas que exigían, y a menudo han conseguido, restitución, repatriación y derechos de compensación para los refugiados judíos de la época de la Segunda Guerra Mundial.

    Segundo: La colonización militar de Cisjordania y la Franja de Gaza desde 1967, con todo lo que implica de expropiaciones de tierra, viviendas demolidas, matanzas indiscriminadas, y, de forma más siniestra, el muro colonial, declarado ilegal por el Tribunal Penal Internacional en julio de este año [2004- N. de la T.], que sirve para facilitar el incesante apoderarse de tierra por parte de Israel y la gradual limpieza étnica de los palestinos [4]. Las universidades israelíes, todas controladas por el gobierno, han sido no solo cómplices en planear, mantener y ofrecer justificaciones para aspectos diversos de la ocupación, sino que además han participado de manera directa en actos de colonización. Aparte del enorme número de actos individuales de connivencia por parte de profesores concretos, las propias instituciones académicas nunca se han abstenido de cometer delitos coloniales:

    La Universidad Hebrea lleva a cabo un proceso de apropiación de tierras lento y sistemático expulsando a sus legítimos propietarios palestinos en el ocupado Jerusalén Oriental.

    La universidad de Tel Aviv (TAU por sus siglas en inglés) hasta la fecha se niega a admitir el hecho de que se asienta sobre un pueblo palestino que fue sometido a limpieza étnica [5]. Algunos de los departamentos de esta universidad mantienen además un vínculo orgánico con el Ejército y con los servicios de inteligencia.

    La Universidad de Bar Ilan no solo mantiene un campus en la colonia ilegal de Ariel cerca de Nablus, sino que ha concedido un doctorado honorario a Ariel Sharon por su papel en la reocupación en marzo de 2002 de ciudades palestinas, que fueron testigos de atrocidades en Jenin y en Nablus así como de destrucción gratuita y matanzas indiscriminadas en todas las principales ciudades palestinas y campos de refugiados de Cisjordania.

    La Universidad de Ben Gurion ha apoyado de formas diversas la lenta limpieza étnica de los beduinos palestinos en el Neguev y ha sido testigo en un silencio que la condena de una política de discriminación racial aplicada durante décadas en esa zona. En un ejemplo muy descarado, sus profesores llevaron a cabo entre 1995 y 2000 un estudio confidencial encargado por el ministerio de Sanidad sobre la alta incidencia de defectos serios de nacimiento y cáncer entre los beduinos que habitaban cerca de un polígono industrial israelí muy contaminante. Aunque los investigadores establecieron una correlación clara entre los contaminantes industriales y la tasa de mortalidad de los ciudadanos palestinos en esa zona, un 65 por ciento más alta que en comunidades similares de Israel, al igual que la tasa de cáncer, un 50 por ciento más alta, estos hallazgos se mantuvieron en secreto por un acuerdo entre los responsables del estudio y el ministerio. Solo se filtraron a la prensa recientemente y por casualidad [6].

    La Universidad de Haifa se jacta de tener a uno de los profesores más racistas de Israel. El profesor Arnon Sofer, el infame “profeta de la amenaza demográfica palestina” que ejerce su gran influencia sin piedad para proporcionar una justificación académica a la limpieza étnica de los palestinos, incluidos los ciudadanos de Israel, de formas y modos siempre novedosos [7]. Es más, la propia universidad ha patrocinado una amplia campaña para encubrir una masacre sionista en el pueblo palestino de Tantura, cercano a Haifa, durante la Nakba, y recurrió a mociones para despedir, desacreditar o silenciar al profesor Ilan Pappe y a uno de sus alumnos por atreverse a revelar los hechos de esa masacre.

    Tal vez sea ya de conocimiento público que los palestinos han sufrido graves pérdidas en vidas humanas debido a los 37 años de ocupación israelí. Pero lo que parece escapar a quienes moldean las opiniones dominantes es que durante la actual Intifada, el ejército israelí ha cruzado muchas de sus anteriores líneas rojas, cometiendo crímenes que recuerdan en la forma, aunque desde luego no en la escala, a los crímenes nazis contra los judíos europeos, como manifestó en una ocasión la diputada británica Oona King [8]. Y el ejército israelí representa adecuadamente y la sociedad israelí en su conjunto lo apoya, sobre todo debido al hecho de que el IDF [Israeli Defense Force, Fuerza Israelí de Defensa, nombre del ejército israelí en inglés. N. de la T.] sigue siendo, en términos relativos, un ejército del pueblo [9].

    Desde obligar a un violinista palestino a tocar en un control militar cerca de Nablus [10], hasta la ejecución a sangre fría de una niña refugiada en Rafah [11], desde grabar la Estrella de David en el brazo a chicos palestinos a inscribir los números de identidad en la frente o el antebrazo de los palestinos, niños y grandes [12], Israel ha actuado con una criminalidad que produce náuseas y con una impunidad que escandaliza y resulta indignante. A pesar de todo esto, los intelectuales y profesores universitarios israelíes que han llamado de forma explícita a terminar con la ocupación siguen siendo una minoría tan pequeña que resulta un poco deprimente. Además, hasta la fecha ningún cuerpo profesional o cuerpo universitario israelí se ha pronunciado públicamente contra la ocupación y las otras formas de opresión israelí. Si esto no es complicidad, ¿qué es?

     Tercero: La tercera forma de opresión israelí apenas se menciona en los medios de comunicación occidentales o en el mundo académico: el sistema de discriminación racial contra los árabes-palestinos [13] que oficialmente son “ciudadanos” de Israel, un estado que categóricamente les excluye de su propia definición y que los castiga severamente cuando al final se atreven a gritar contra la injusticia. Todo el aparato estatal, incluyendo el sistema educativo, está diseñado para mantener a los ciudadanos árabe-palestinos de Israel en un estado de desempoderamiento, en gran medida desposeídos y sin un estatus equiparable en las leyes y prácticas del estado. Es más, a pesar de ser la población indígena, los nativos de la tierra, o quizás por eso mismo, la mayoría colona judía israelí lo ve cada vez más como indeseados, o lo que es peor, como una amenaza demográfica de la que deberían desembarazarse con decisión. Las encuestas de opinión han mostrado de forma sistemática que una mayoría contundente de dos tercios del total de judíos israelíes apoya que “se anime a los árabe a que se vayan” por medios diversos. [14]

     En todos los aspectos esenciales de la vida, desde la propiedad de la tierra a la educación superior y el mercado laboral, Israel lleva 56 años practicando su propia forma de apartheid. De todas las formas de discriminación racial, sobresale en particular la educación. Un estudio innovador de Human Rights Watch publicado en 2001 concluye:

    “Los obstáculos a los que se enfrentan los estudiantes árabes palestinos desde la guardería a la universidad actúan como una serie de cribas que cada vez tienen los agujeros más finos. En cada etapa, el sistema educativo funciona como un filtro que deja fuera a una proporción mayor de alumnos árabe-palestinos que de judíos. Y los tribunales israelíes aún no han usado nunca las leyes o principios más generales de igualdad para proteger a los niños árabe-palestinos contra la discriminación en la educación. [15]

    A pesar de lo dicho más arriba, estoy de acuerdo con quienes alegan que Israel no es idéntico a Sudáfrica, que es un caso más complejo, con más dimensiones e incluso en algunos aspectos hasta más siniestro. Pero, al margen de cómo definamos a Israel, la existencia intrínseca e indiscutible en ese país de un sistema de discriminación racial basado en la identidad religiosa/étnica es lo que motiva las llamadas al estilo de Sudáfrica a la imposición de sanciones contra este país. “Apartheid”, “colonialismo de los colonos sionistas”, “supremacía judía”… etc. son todo variaciones en el nombre de la dolencia. Lo que importa es como curarla del mejor modo posible. Teniendo en cuenta las tres dimensiones de la opresión israelí mencionadas más arriba, se puede concluir que existen suficientes semejanzas entre Israel y Sudáfrica como para abogar por remedios al estilo del país africano.

     Argumentos principales en contra del boicot

    Ciertos distinguidos defensores de la causa palestina [16] se han manifestado en contra de la aplicación de sanciones y un boicot contra Israel al estilo sudafricano por varias razones, de entre las cuales las más significativas son:

    (A) El recuerdo del Holocausto hace que las llamadas al boicot contra Israel sean ampliamente odiadas y resulten contraproducentes por su rechazo popular.

     (B) Israel es en esencia un país democrático con una sociedad civil vibrante y por lo tanto se le puede convencer para que termine con su opresión sin necesidad de recurrir a sanciones.

     (C) A diferencia de Sudáfrica durante el apartheid, la mayoría de la población en Israel se opone a las sanciones.

     (D) El mundo académico israelí es en su mayor parte progresista y está en la vanguardia del movimiento por la paz, por lo que se le debe apoyar, no boicotear.

    Contra-argumentos:

    (A) Como comenta Etienne Balibar: “A Israel no se le debería permitir que instrumentalice el genocidio de los judíos europeos para colocarse por encima de la ley de las naciones” [17]. Además, al mirar hacia otro lado ante la opresión israelí, como hacen Estados Unidos y casi todos las instancias oficiales de Europa, Occidente ha perpetuado de facto la miseria, el sufrimiento humano y la injusticia que han tenido lugar tras el Holocausto. Solo que los oprimidos son otros ahora: son “las víctimas de las víctimas”, como comentó Edward Said.

    En cuanto al argumento de la impopularidad, recientemente se han producido avances significativos en las posturas de la iglesia presbiteriana de EEUU, la iglesia anglicana y ciertas organizaciones judío-norteamericanas, por no hablar del movimiento de boicot de militantes de base que crece rápidamente en Europa. Todo esto apunta a la creciente aceptación en países occidentales de la necesidad de boicotear a Israel. Quienes participaron en el movimiento anti-apartheid en el caso sudafricano a menudo nos recuerdan que ellos también hubieron de enfrentarse a lo que parecían obstáculos insuperables cuando iniciaron el movimiento a finales de los años cincuenta.

     (B) ¿Cómo puede una supremacía etno-religiosa que es además un poder colonial ser considerado una democracia? Israel puede ser una democracia para sus ciudadanos judíos, pero es un apartheid para sus ciudadanos palestinos, como se ha alegado más arriba. El profesor de la Universidad de Nueva York, Tony Judt, por ejemplo, describe a Israel como “un anacronismo disfuncional”, incluyéndolo entre los “etno-estados guiados por la fe y beligerantemente intolerantes.” [18]

     (C) De todos los argumentos anti-boicot, este refleja o una sorprendente ingenuidad o una deshonestidad intelectual deliberada. ¿Debemos decidir si se deben aplicar sanciones a un poder colonial basándonos en la opinión de la mayoría de la comunidad opresora? Y la comunidad oprimida, ¿cuenta para algo?

     (D) Esto es simplemente un mito propagado y mantenido por el mundo académico israelí, que se considera a sí mismo de “izquierdas”. La inmensa mayoría de profesores universitarios israelíes sirve en las fuerzas armadas en la reserva y por lo tanto tiene conocimiento directo de los desmanes que se cometen a diario, pues participa en ellos. Es más, con excepción de una minoría, muy pequeña pero esencial, los académicos israelíes en su mayor parte apoyan la opresión que ejerce su estado o manifiestan su consentimiento guardando silencio al respecto.

     Vale la pena mencionar algunos casos tristemente célebres a modo de ejemplo: el filósofo más celebrado de Israel, Asa Kasher, ha proporcionado una justificación “ética” para los asesinatos extra-judiciales, incluso cuando en este proceso se mata o se hiere de forma deliberada a amplios números de civiles inocentes. [19]

     El historiador militar más destacado de Israel, Martin Van Creveld, de la Universidad Hebrea, aconsejó al ejército israelí en 2002 [20], en el semanario regional Jerusalen, 1, marzo, 2004, que llevara a cabo un genocidio veloz contra los palestinos, explicando: “Quizá matar a 5.000 o 10.000 no será suficiente y entonces habrá que matar a más.”. Concluye diciendo: “Es mejor que haya un asesinato masivo, tras lo cual saldremos y cerraremos con llave a nuestras espaldas.” Como cualquier pacifista, su objetivo último sigue siendo “salir” de los Territorios Ocupados.

     Recientemente Benny Morris ha alegado que se habría podido llegar a la paz en Oriente Medio si se hubiera vaciado Palestina completamente de sus habitantes árabes originarios. [21] Como respuesta, Baruch Kimmerling, profesor de la Universidad Hebrea, escribió: “Permítanme extender la lógica de Benny Morris: si el programa nazi para la solución final al problema judío se hubiera completado, desde luego habría paz en Palestina actualmente.” [22]

     Lejos de constituir ejemplos aislados, posiciones tan explícitamente racistas y criminales son bastante populares en Israel. No solo se consienten en universidades, sino que son muy alabadas, a juzgar por el estatus tan prominente del que disfrutan Kasher, Van Kreveld, Benny Morris y otros de su calaña.

     Argumentos principales contra el boicot II

     Desde una perspectiva ligeramente distinta, algunos académicos han alegado que boicotear a Israel puede resultar contraproducente y que podría desembocar en:

     (1) Que se pierda la capacidad para influir en la posible ruta de Israel hacia la paz.

     (2) Que sirva para radicalizar a la derecha israelí y para segar la hierba bajo los pies de la izquierda en ese país.

     (3) Que indirectamente contribuya a aumentar el sufrimiento de los palestinos, que pueden experimentar pérdidas económicas y pueden incluso ver cómo se deterioran sus condiciones de vida por la opresión de un Israel más aislado y más salvaje.

     Contra-argumentos

     (1) ¿Qué influencia? Europa apenas ejerce ninguna en este momento. Incluso en EEUU la israelización de su política exterior, particularmente en Oriente Medio, alcanza cada vez cotas más altas, con lo que ata de pies y manos cualquier posible presión norteamericana dirigida a restringir, para no hablar ya de cambiar, las políticas opresivas de Israel. En las escasas ocasiones en que el estado hebreo se ha planteado un cambio de política, ha sido debido sobre todo a que se enfrentaba a presiones concertadas ejercidas por la comunidad internacional.

     (2) ¿Qué izquierda? Quienes en Israel se llaman oficialmente “la izquierda”, la izquierda sionista, para ser exactos, hacen que los partidos de extrema derecha en Europa parezcan sin dificultad tan morales como la Madre Teresa, en particular en lo que se refiere al reconocimiento de los derechos de los refugiados palestinos. Por otra parte, la izquierda no-sionista, moralmente consecuente, es un grupo diminuto, cuyos miembros pueden terminar perdiendo beneficios, privilegios y fondos como resultado del boicot. Esto debería obligarnos a calibrar nuestras acciones de boicot, de forma que se reduzca la posibilidad de que esto sea un efecto indeseado de las mismas. Pero, como ya sabemos, esto no es una ciencia exacta (si es que alguna lo es). Antes que centrarnos en el margen de error, debemos hacer hincapié en el impacto positivo que el boicot puede tener en el conjunto del establishment académico isarelí. El precio que puede que paguen algunos académicos de conciencia como efecto colateral inevitable del boicot resulta bastante barato si se compara con el precio que los académicos palestinos, y de hecho todos los palestinos en general, pagan por la ausencia de boicot y de cualquier forma de presión igualmente efectiva sobre Israel.

     El tipo de apoyo más urgente que la comunidad internacional puede proporcionar al mundo académico palestino es adoptar diversas formas de boicot contra las instituciones académicas de Israel, obligándolas a que se desvincularse de su connivencia directa o indirecta en la opresión de su estado. Esto servirá no solo a los palestinos, sino a la larga, también a la izquierda moral en Israel, incluidos los académicos. Desafiar al establishment fanático y militarista puede que a corto plazo fortalezca su apego al poder: el populismo extremo y el surgimiento de las tendencias fascistas en Israel actualmente constituyen pruebas de esto, pero a la larga debilitará a ese establishment, como sucedió en el caso sudafricano. En este país, la represión bajo el apartheid no se fue reduciendo suavemente hasta morir.

     (3) ¿Mas asfixia? Hasta el mayor defensor sudafricano de los derechos humanos, el arzobispo Desmond Tutu, horrorizado por el estado de sitio tan sofisticado y lleno de capas que ha montado Israel en los Territorios Palestinos Ocupados [23], ha encontrado tantas similitudes entre Israel y la Sudáfrica del apartheid, para hacer una llamada al boicot contra el estado hebreo como el aplicado contra el país africano 24].

     Algunos defensores sinceros de los derechos de los palestinos han alegado que boicotear a Israel es un acto de personas que se arrogan una superioridad moral y que ignoran la necesidad apremiante de aliviar el sufrimiento inmediato de los palestinos bajo la ocupación. Pero como he mostrado en otros sitios [25], al margen de todas las intenciones, este tipo de lógica no es simplemente paternalista, pues pretende saber lo que es mejor para los palestinos, sino que además se basa en la premisa inconsciente de que los palestinos tienen necesidades menores a las de otros seres humanos normales. Se implica que la comida, el cobijo y los servicios básicos, que se verían mejor satisfechos sin boicot, según se nos dice, están considerados por los palestinos como más importantes o más profundos que su necesidad de libertad, justicia, auto-determinación, vida digna y la oportunidad para desarrollarse cultural, económica y socialmente en paz.

     Desde un ángulo completamente distinto, hay quien afirma, que a pesar de todo lo dicho más arriba, sigue siendo necesario que los académicos e intelectuales palestinos mantengan y fomenten la apertura de canales de comunicación con sus equivalentes israelíes, para debatir, compartir, aprender, convencer, para superar las “barreras psicológicas” y en último término para llegar a una visión común y a una lucha común por la paz.

     Permítaseme no estar de acuerdo. Quienes imaginan que basta desearlo para acabar con el conflicto y sugieren ciertos foros para el acercamiento, la distensión o el diálogo, con la esperanza de que estos foros conduzcan a procesos reales de reconciliación y finalmente a la paz, o sufren delirios y requieren atención médica o se engañan peligrosamente.

     En primer lugar, dados los señuelos financieros y la manipulación política que normalmente forman parte del paquete de las “sugerencias” occidentales para colaborar, estas últimas se suelen percibir claramente como dictados.

     En segundo lugar, cualquier proyecto conjunto que tenga como objetivo alcanzar una paz justa debe estar basado esencialmente en el rechazo de toda opresión y en el reconocimiento de una humanidad común. Antes de que esto suceda, cualquier comunicación es estrictamente un ejercicio en una negociación asimétrica entre opresor y oprimido. Solo cuando se establece la igualdad puede esa comunicación elevarse al nivel del diálogo. El reconocimiento mutuo de una humanidad común es por lo tanto una condición previa esencial para el diálogo, nunca una consecuencia de él. Como solía decir el difunto Edward Said: “Igualdad o nada.”

     En tercer lugar, si un miembro de la comunidad opresora en teoría acepta, en principio, los requerimientos para la justicia sin actuar para lograrlos, al tiempo que de forma simultánea disfruta de los beneficios que trae consigo la ocupación, la discriminación racial y el uso ilegal de las propiedades de los refugiados palestinos, entonces esa persona seguiría siendo indirectamente responsable y éticamente se le pueden pedir cuentas de la injusticia que está cometiendo su estado. La reflexión sin acción no basta para exonerar a un miembro de un grupo opresor. Se necesita la acción para convertir el compromiso formal en un proceso de cambio y de transformación ética.

     Los israelíes que no dejan de pedir a los palestinos que paguen un precio político por adelantado a cambio de su “noble” reconocimiento de unos pocos derechos palestinos no es que busquen realmente justicia o un final moral para el conflicto. Algunos buscan de forma desvergonzada fondos europeos, otros lo hacen por el prestigio y la fama y algunos incluso participan de este típico comportamiento colonial como una forma de domar a la fierecilla palestina, o de inhibir la resistencia a la opresión.

     Una lucha por la paz que vaya separada de la justicia equivale a institucionalizar la injusticia o a hacer que los oprimidos se sometan a la fuerza demoledora del opresor y acepten la desigualdad como si fuera su destino.

     Quienes intentan cambiar la percepción de los oprimidos antes que ayudar a terminar con la propia opresión son culpables de ceguera moral y de miopía política. Prolongar la opresión no es solo no-ético, es pragmáticamente contraproducente, pues perpetúa el conflicto.

     Para concluir, me gustaría hacer hincapié en la necesidad de aplicar un boicot completo, institucional, dinámico, contra las organizaciones políticas, económicas, culturales y académicas. Sin un apoyo efectivo basado en principios éticos de esta forma civil, no-violenta, mínima de resistencia contra la opresión o por otras formas similares de lucha, los intelectuales y académicos estarán abandonando su obligación moral de defender lo que es correcto, la justicia, la igualdad y la oportunidad de validar el predominio de principios éticos universales.

     Omar Barghouti es un analista político palestino independiente. Su artículo “9.11. Expresar el momento en términos humanos” fue elegido como uno de los “Mejores de 2002” por The Guardian. Su dirección de contacto es: jenna@palnet.com

     Notas:

    Una versión más breve de este artículo fue presentada en el congreso “Resistir el apartheid israelí”, celebrado en SOAS, Universidad de Londres, 5.12.2004.

    Investigador palestino independiente, fundador de la Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI por sus siglas en inglés).

    (NOTA DE LA T: Aunque se han traducido los títulos de los artículos mencionados en las notas, estos materiales solo están disponibles en inglés).

     1. Etienne Balibar, “Una causa política compleja urgente y universal”, discurso en el Congreso de Profesores Universitarios para la Paz Israelo-Palestina (FFIPP), Université Libre de Bruxelles, 3 y 4 de julio.

     2 La llamada palestina al boicot, lanzada por la Campaña palestina por el boicot cultural y académico contra Israel (PACBI por sus siglas en inglés) y respaldada por unos sesenta sindicatos y asociaciones profesionales, educacionales y culturales de las más prominentes en los territorios palestinos ocupados se puede encontrar en http://right2edu.birzeit.edu/news/article178 (en inglés).

     3 “Los líderes palestinos deberían tomarse muy en serio el frente unido en Israel que se opone al derecho de retorno” rezaba el editorial principal de Haaretz, 18 de agosto, 2003.

     4 Según los pacifistas Gadi Algazi y Azmi Bdeir: “Traslado [eufemismo israelí para la limpieza étnica –Omar Barghouti] no es necesariamente un momento dramático, un momento en que la gente es expulsada y tiene que huir de sus ciudades y pueblos. No se trata de una mudanza planeada y bien organizada con autobuses y camiones cargados de gente. El traslado es un proceso más profundo, un proceso paralizante que está oculto a la vista. El elemento principal consiste en ir minando de forma gradual las infraestructuras de la vida de la población civil palestina en los territorios: esa vida debe ser estrangulada de forma continuada por medio de cierres y asedios que impidan que la gente acuda a trabajar o vaya a la escuela, que tenga acceso a servicios médicos, así como el paso de ambulancias y de camiones de agua, lo que provoca que los palestinos vuelvan a la era del burro y el carro. En su conjunto, estas medidas erosionan el vínculo de la población palestina con su tierra.” Citado en: Ran HaCohen, “Limpieza étnica: pasado, presente y futuro”, www.Antiwar.com, 30, diciembre, 2002.

     5 El nombre del pueblo palestino es Sheij Muwannis.

     6 Ran Reznick, Ramat Hovav tiene el doble de defectos de nacimiento y casos de cáncer, Haaretz, 1, junio, 2004.

     7 Un ejemplo es el “Proyecto Mitzpim”, supervisado por Sofer, que promueve la “conquista” de zonas pobladas por árabes-palestinos por medio de colonias y carreteras de uso exclusivo para judíos.

    http://www.haaretz.com/hasen/spages/481680.html

     8 Tras una visita a la Franja de Gaza, que está completamente rodeada por una valla, Oona King, diputada judía del parlamento británico, comentó la ironía a la que se enfrentan actualmente los israelíes, diciendo: “al escapar de las cenizas del Holocausto, han encarcelado a otro pueblo en un infierno similar en su naturaleza, aunque no en su alcance, al gueto de Varsovia”. “Israel puede detener esto ahora”, The Guardian, 12, junio, 2003, http://www.guardian.co.uk/comment/story/0,3604,975423,00.html

     9 Según las encuestas sobre las opiniones judío-israelíes sobre el servicio militar obligatorio, el factor más importante vinculado al apoyo a la continuación del legado del “ejército del pueblo”, una mayoría contundente está a favor. Por ejemplo, ver la sólida encuesta Peace Index llevada a cabo en abril de 2001 por la universidad de Tel Aviv, http://www.tau.ac.il/peace/Peace_Index/2001/English/p_april_01_e.html

     10 Chris McGreal, “Los israelíes indignados por la imagen de soldados que obligan a un violinista a tocar en un control”, The Guardian, 29, noviembre, 2004.

    http://www.guardian.co.uk/israel/Story/0,2763,1361755,00.html

     11 Amos Harel, “Totalmente illegal”, Haaretz, 23/11/2004. http://www.haaretz.com/hasen/spages/504878.html

     12 Serge Schemann, “Al menos 17 personas mueren en un ataque israelí contra un campamento palestino en Gaza”, New York Times, 12/3/2002.

     13 Según la organización Physicians for Human Rights-Israel (Médicos por los Derechos Humanos-Israel): “Aunque los ciudadanos palestinos del estado de Israel representan aproximadamente 20% de la población, esta comunidad sufre una discriminación institucionalizada que genera severas diferencias socio-económicas entre la mayoría judía y la minoría árabe. No se ha hecho una inversión significativa para remediar estas diferencias. Por el contrario, la población palestina sigue sufriendo la falta de fondos y la discriminación en muchos aspectos, incluyendo el empleo, la educación, políticas inmobiliarias y de urbanismo, y servicios de salud.” http://www.phr.org.il/Phr/Pages/PhrArticle_Unit.asp?Cat=37&Pcat=4

     14 Yulie Khromchenco, Encuesta: “64% de judíos apoyan el que se anime a los árabes a que se vayan”, 22, junio, 2004.

     15 Human Rights Watch, “Segunda clase: Discriminación contra los niños árabe-palestinos en las escuelas de Israel, septiembre, 2001. http://www.hrw.org/reports/2001/israel2

     16 Por ejemplo, Noam Chomsky, describe las sanciones como “probablemente dañinas y en el mejor de los casos inútiles”, alegando: “En las presentes circunstancias del mundo real, una llamada a aplicar sanciones, aunque estuviera justificada, les encantaría a los extremistas de derechas y a los partidarios de la línea dura, porque lo podrían convertir sin dificultad en una “prueba” más de que todo el mundo desea eliminar a los judíos y por lo tanto debemos alzarnos para apoyar al pobre Israel para impedir otro Holocausto.” ZNet, May 31, 2004. http://blog.zmag.org/ttt/archives/000492.html

     17 Etienne Balibar, ibid.

     18 Tony Judt, “Israel: La alternative”, New York Review of Books, Vol. 50, número 16, 23, octubre, 2003. http://www.nybooks.com/articles/16671

     19 Reuven Pedatzur, “El filósofo del ejército israelí”, Haaretz, 24, febrero, 2004.

     20 Ran Hacohen, “Contra las negociaciones”, Antiwar.com, 28, marzo, 2002.

    http://www.antiwar.com/hacohen/h032802.html

     21 Benny Morris, “Un Nuevo éxodo para Oriente Medio”, The Guardian, 3, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/israel/comment/0,10551,803417,00.html

     22 Baruch Kimmerling, “Falsa lógica”, The Guardian, 5, octubre, 2002.

    http://www.guardian.co.uk/letters/story/0,3604,805123,00.html

     23 Desmond Tutu, “Apartheid en la Tierra Sagrada”, CounterPunch, 29, abril, 2002.

     24 Desmond Tutu, “¿Desinvierto de la ocupación y del apartheid?”, CounterPunch, 17, octubre, 2002.

     25 Ver “Sobre la creatividad y la ética de los refugiados”, ZNet, 28, septiembre, 2002.

    http://www.zmag.org/content/Mideast/bhargoutirefeth.cfm

     http://www.counterpunch.org/barghouti12222004.html

  • El BDS, Israel y los afrikaners. Alberto Arce – Carlos Sardiña

    El BDS, Israel y los afrikaners

    21.05.2010 – Alberto Arce – Carlos Sardiña

    Una comparación incómoda para la política, para el periodismo, para la cultura.

    La analogía sudafricana y las llamadas al boicot se abren paso y convencen ya a numerosos escritores y artistas

    soldados

    En la Sudáfrica del Apartheid existía un lugar llamado Sun City, trasunto africano de Las Vegas. Una ciudad donde, teóricamente, no existía la discriminación racial. Allí actuaban a cambio de fuertes sumas de dinero reconocidos artistas de renombre internacional. Participaban así en el programa propagandístico diseñado por el gobierno sudafricano para contrarrestar la influencia de la lista de personas que se negaban a viajar al país en solidaridad con los llamamientos al boicot hechos públicos por los líderes del Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela o el arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu.

    En 1985 un grupo de músicos (entre ellos U2, Peter Gabriel, Lou Reed o Keith Richards) grabó una canción y filmó un documental titulados “Sun City, Artistas Unidos contra el Apartheid” que pasó a la historia como uno de los momentos fundamentales de la conformación de la opinión pública mundial sobre el régimen afrikaner de Pretoria. Era una campaña de boicot cultural contra el racismo.

    Varias décadas más tarde y aunque se trata de uno de los temas más controvertidos, vetados  y rechazados por gran parte de la prensa internacional o los líderes políticos mundiales, es cada vez más evidente que la analogía sudafricana, las comparaciones con el régimen de apartheid y los continuos llamamientos de la sociedad civil palestina a una campaña de BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) contra el estado de Israel ganan espacio en el ya de por sí complejo debate en torno a Oriente Medio. Sin ir más lejos, Elton John, uno de los artistas que nunca quiso escuchar las llamadas a boicotear la Sudáfrica racista es objeto en estos momentos de una fuerte campaña de presión internacional para que cancele su actuación prevista en Tel Aviv. Al mismo tiempo, Elvis Costello declarado que “hay veces en las que el silencio tiene más valor que el ruido” tras de suspender su gira por Israel y sumarse al boicot internacional contra el Estado judío.

     

    ¿Cómo surge La estrategia del Boicot, las Desinversiones y las Sanciones?

    La Conferencia de Naciones Unidas contra el Racismo de 1973 aprobó la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”. Reeditada en 1978 y 1983, dicha Convención sirvió como mecanismo para sensibilizar a la opinión pública sobre naturaleza del régimen de Apartheid sudafricano y contribuyó a construir las voluntades políticas que aislaron finalmente al régimen de Pretoria. En 2001 tras la caída del régimen de apartheid, una nueva Conferencia de Naciones Unidas contra el racismo aprobó en ese mismo país la “Declaración y Plan de Acción de Durban para la prevención de la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia”.

    En dicho documento se identifica de manera explícita a la población palestina como uno de los grupos vulnerables víctimas del racismo. Desde entonces, voces tan autorizadas como la del ex-presidente norteamericano Jimmy Carter que publicó en 2006 un libro titulado “Paz, y no apartheid”, han citado la analogía entre el régimen afrikaner de Johannesburgo y el régimen de Tel Aviv. ¿El motivo? El sistema de documentos de identidad que señalan si su poseedor es judío o no, las restricciones en el acceso a las tierras que, en Israel pertenecen en un 93% al Estado y están reservadas exclusivamente a los judíos, el sistema de carreteras de uso exclusivo para colonos en Cisjordania, la ley que impide la reunificación familiar de palestinos residentes en el Estado de Israel o el Muro de separación que Israel construye de forma ilegal según la Corte Internacional de Justicia, en Territorio ocupado, alimentan una comparación que habla de la “bantustanización” de Palestina.

    Se está planteando cómo transformar la analogía entre la situación de la Sudáfrica del Apartheid y la de los territorios palestinos ocupados en una campaña internacional de solidaridad basada en la igualdad de derechos civiles para todos los habitantes del territorio. Escritores israelíes como Uri Davis y Michael Warsavsky participaron el 9 de agosto de 2001 en Jerusalén en el lanzamiento del Movimiento contra el apartheid israelí en Palestina (MAIAP), considerado como primera plataforma de movilización en esta dirección.

    A partir de este primer movimiento, y a lo largo de varios años, organizaciones sociales, sindicatos, partidos, intelectuales y activistas se reunieron periódicamente -siempre a tres bandas, con participantes palestinos, israelíes e internacionales- hasta publicar en 2005 la que se considera como la más representativa, unitaria e internacionalmente extendida “Llamada a una campaña global de Boicot, Desinversiones y Sanciones al estado de Israel hasta que cumpla con sus obligaciones ante el Derecho Internacional”, que recibió el apoyo de decenas de organizaciones palestinas constituidas en el Comité Nacional Palestino para la Campaña de BDS al Estado de Israel y decenas de organizaciones europeas y norteamericanas cuando se presentó públicamente por primera vez fuera de Palestina en una Conferencia Internacional celebrada en Bilbao en octubre de 2008.

    Según sus propios organizadores, el BDS es una campaña que pretende “impedir o entorpecer la ocupación militar israelí de Palestina entendida como un proceso histórico y político en sus diferentes plasmaciones sobre el terreno” mientras se convierte en un instrumento de presión que pretende “obligar a ceder al  Estado de Israel como sujeto con responsabilidad directa en el mantenimiento de la ocupación a través de sus relaciones y las de sus diversas instituciones con el resto de la comunidad internacional, que mantienen también una responsabilidad indirecta en la ocupación”.

    La postura palestina contra la normalización de relaciones con Israel, expresada a través de la Plataforma que promueve el Boicot, es clara: “Rechazamos participar en actividades que limpien la imagen pública de Israel y rechazamos eventos conjuntos en los que no se reconozcan nuestros derechos y el derecho a resistir contra la ocupación israelí. Cualquier evento que no asuma estos principios transmite una falsa imagen de igualdad entre las partes e ignora y legitima la opresión israelí sobre los palestinos. No contribuiremos a ningún evento que menosprecie nuestros derechos o que permita presentar a Israel como algo diferente de lo que en realidad es: un Estado de Apartheid. Y rechazamos los esfuerzos que Israel y sus apologistas realizan para convencernos (…) especialmente de que el conflicto no es más que un síntoma de barreras psicológicas que pueden desaparecer a través del diálogo”.

     

    Artistas que declinan viajar a Israel.

    Siguiendo esta lógica, y probablemente influido por decisiones previas como la de Carlos Santana, Gil Scott Heron, poeta y músico norteamericano, autor de “La revolución no será televisada”, ha sido hasta el momento el penúltimo de los artistas en sumarse a dicha campaña en una lista que crece y se actualixa a diario. El pasado 23 de abril anunció sobre un escenario de Londres, que cancelaba su concierto de fin de gira en Tel Aviv “hasta que todo el mundo sea bienvenido para asistir”. El artista respondía así a una serie de cartas publicadas en diversos medios anglosajones pidiéndole que se sumase a la campaña de boicot al Estado de Israel.

    Respondiendo al mismo tipo de cartas, escritas y hechas públicas por PACBI (Campaña Palestina de Boicot Académico y Cultural al Estado de Israel) en 2009, Andy Bichlbaum y Mike Bonanno, más conocidos como “The Yes Men” retiraron su película “The Yes Men fix the world”, ganadora del Festival de Sundance, del Festival de cine de Jerusalén, rechazando viajar a presentarla en Israel. En una carta explicaban los motivos que les habían llevado a tomar aquella decisión: “Pese a nuestro sentimientos, no podemos olvidarnos de nuestra tarea como activistas. En la década de los 80 tuvo lugar una convocatoria desde Sudáfrica a los artistas de todo el mundo para boicotear el régimen de Apartheid. Hoy en día hay una convocatoria clara de la sociedad civil palestina al Boicot a Israel. Nuestra posición es responder a ella como directores de cine y como activistas colaborando así en la presión al gobierno de Israel para que cumpla con el derecho internacional”.

    Naomi Klein, la autora de No Logo o La doctrina del shock publicó un artículo en The Guardian explicando su modo de sumarse a la campaña de Boicot al Estado de Israel explicando los criterios con los que editaría, en adelante, sus obras en Israel: “Durante ocho años, mis libros fueron publicados en Israel por una editorial llamada Babel. Cuando publiqué La doctrina del shock quería respetar la convocatoria del boicot. Siguiendo el consejo de los activistas palestinos y de escritores como John Berger, que habían adoptado esta opción antes que yo, contacté con una pequeña editorial llamada Al Andalus, formada por activistas fuertemente involucrados en la lucha contra la ocupación desde el interior de Israel y la única editorial israelí que se dedica exclusivamente a traducir literatura árabe al hebreo, y redactamos un contrato que garantiza que todos los beneficios de mis libros permanecerán en Al Andalus. Mi objetivo es boicotear la economía israelí, no a los israelíes”.

    En septiembre de 2009 un grupo de personalidades encabezado por Ken Loach, la propia Klein, Viggo Mortensen, Harry Belafonte, Jane Fonda, que se retractaría posteriormente, Danny Glover o Slavoj Zizek anunciaba su boicot al Festival Internacional de Cine de Toronto. ¿El motivo? protestar por su denominado “Foco en Tel Aviv”, un programa de diez películas sobre la capital israelí en la que no aparecía ninguna mención a los habitantes palestinos de la ciudad. Los cientos de firmantes de la “Declaración de Toronto”  consideraban que no es correcto utilizar actividades culturales internacionales para “lavar la cara del régimen israelí” a través de programas de colaboración cultural con su Ministerio de Asuntos Exteriores. Sobre todo tras lo sucedido en Gaza pocos meses antes, durante la operación “Plomo Fundido” que comienza a jugar el mismo papel catalizador respecto al Boicot a Israel que la matanza de Sharpeville en Soweto jugó en el caso sudafricano, ese tipo de iniciativas son el detonante de una modificación sustancial de la percepción internacional de quien comete masacres y dificultan su justificación.

     

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    La Sudáfrica del Apartheid e Israel: parecidos razonables y amistades peligrosas

    Las comparaciones entre Israel y la Sudáfrica del Apartheid son especialmente incómodas para un país que se considera a sí mismo la “única democracia de Oriente Próximo” y hace todo lo posible para que los demás países también le vean así. Sin embargo, la analogía no carece de fundamento y hay motivos de sobra para afirmar que en Israel impera efectivamente un régimen de apartheid. Como señaló recientemente la activista israelí Nurit Peled, el estado israelí “no es una democracia, es una etnocracia”.

    Incluso Michael Ben Yair, ex fiscal general de Israel y ex miembro de su Corte Suprema, ha declarado: “Hemos elegido con entusiasmo convertirnos en una sociedad colonial, ignorando los tratados internacionales, expropiando tierras, transfiriendo colonos desde Israel a territorio ocupado, robando y justificando todas nuestras actividades. Al desear con pasión quedarnos con los territorios ocupados hemos desarrollado dos sistemas judiciales, uno progresista y liberal para Israel y otro cruel e injusto para el territorio ocupado. Hemos establecido de hecho un régimen de Apartheid en los Territorios ocupados.”

    El arzobispo sudafricano y premio Nobel de la Paz Desmond Tutu ha declarado en numerosas ocasiones que la situación de los palestinos en los territorios ocupados por Israel es similar a la de los negros en Sudáfrica durante la época del apartheid y defiende la campaña de boicot como la mejor estrategia que la sociedad civil mundial puede adoptar para poner fin a las injusticias perpetradas por el estado de Israel. El COSATU (Congreso de Sindicatos Sudafricanos), veterana organización en la lucha contra el apartheid sudafricano, también se ha sumado a la campaña.

    El concepto de apartheid no se limita exclusivamente al contexto histórico de la segregación racial vigente en Sudáfrica entre los años 1948 y 1994. Además es un crimen de lesa humanidad reconocido como tal por la “Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid” aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1973 [pdf]. También el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional aprobado en 1998 contempla el apartheid como un crimen de lesa humanidad en su artículo 7 y considera como tal los “actos inhumanos” contemplados en el propio Estatuto “cometidos en el contexto de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemáticas de un grupo racial sobre uno o más grupos raciales y con la intención de mantener ese régimen”.

    Con esas leyes en la mano, los expertos en derecho internacional Luciana Coconi y David Bondia elaboraron el año pasado un informe [pdf] en el que concluían que “la discriminación a la que se ve sometido el pueblo de Israel constituye crimen de apartheid”. El relator especial sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, el jurista de origen sudafricano John Dugard, elaboró en 2007 un informe [pdf] en el que afirmaba que las “leyes y prácticas de Israel en los territorios palestinos ocupados son similares a algunos aspectos del apartheid” y “probablemente están contempladas en la Convención para la Supresión y Castigo del Crimen de Apartheid”.

    Esa discriminación se traduce en políticas que van desde la “bantustanización” de los territorios palestinos en Cisjordania como consecuencia de la construcción de asentamientos judíos y las carreteras de circunvalación de uso exclusivo para israelíes que los comunican hasta los “asesinatos selectivos” de activistas palestinos, pasando por la restricción de movimientos o las detenciones arbitrarias que sufren los palestinos a diario. Además, los ciudadanos palestinos de Israel, que en teoría deberían disfrutar de los mismos derechos que sus conciudadanos israelíes judíos, sufren una enorme discriminación en lo que respecta al acceso a la educación, la vivienda, el mercado de trabajo o la sanidad.

    Por otro lado, los vínculos entre Israel y la Sudáfrica del apartheid no se limitan a una mera analogía entre sus políticas discriminatorias. Ambos regímenes mantuvieron unas estrechas relaciones durante muchos años, después de que la mayoría de países africanos le dieran la espalda a Israel tras la guerra del Yom Kippur de 1973. Los dos estados colaboraron fundamentalmente en el ámbiro armamentístico, hasta el punto de que Israel ayudó en secreto a Sudáfrica a obtener la bomba nuclear. Las relaciones amistosas alcanzaron su apogeo en 1976, cuando el primer ministro John Vorster (un antiguo simpatizante nazi) viajó a Israel, donde el primer ministro Isaac Rabin le recibió con todos los honores y en un banquete de estado brindó “por los ideales que comparten Israel y Sudáfrica y por la esperanza de justicia y una coexistencia pacífica”. Aquel fue el año del célebre levantamiento de Soweto, que reprimieron brutalmente las fuerzas de seguridad sudafricanas y en el que se calcula que murieron unas setecientas personas.

     

    Fuente: PeriodismoHumano.com.